La invención del amor.
El amor romántico, como concepto, parece que no tenía mucho sentido en la Edad Media. Se usaba más bien la noción de “caritas”, que se refería a algo mucho más matizado, con el sentido de “cariño”, y que abarcaba también el interés por los pobres o desamparados.
La idea del “amor”, tal cual, era incluso peyorativa, porque en el medievo hacía referencia a algo más bien primitivo, salvaje, impropio de seres civilizados.
Son los trovadores los que, poco a poco, lentísimamente, van poniendo de moda una idea de amor como la que ahora conocemos. Ellos lo inventan ciertamente. Pero ojo, los trovadores cantan al “amor refinado”, no al amor en general (fin’amor), no vayamos a confundirnos.
Y luego están las historias como las de Abelardo y Eloísa, divulgadas también por los narradores populares y poetas. Estas acaban marcando el cambio de tendencia hacia nuestra actual sacralización de la pasión amorosa.
Sin los trovadores y los poetas seguiríamos en las edades oscuras, en relación con el amor. Y con muchas otras cosas. Pensé en esto ayer, mientras disfrutaba de un sencillo, pero maravilloso, recital de poesía en la Casa Orlandai, en Barcelona.