El experimento de Slater.
Hace algún tiempo, se realizó un sencillo experimento que ilustra como pocos el poder de sugestión de la mente y la extraordinaria interrelación entre lo mental y lo corporal.
Lo llevó a cabo Mel Slater.
Los voluntarios tenían un brazo estirado, pero fuera de su alcance visual. Pero, en el lugar donde debería estar ese brazo, veían una proyección en 3D que les mostraba un brazo virtual.
En la primera fase del experimento, Slater pinchaba delicadamente el brazo virtual en diferentes puntos y hacía lo propio en el real. Con ésto, al cabo de unos minutos, los voluntarios “aprendían” a ver el brazo virtual como propio.
En la segunda fase del experimento, Slater retorcía sin piedad el brazo virtual. Curiosamente, los voluntarios sentían el mismo dolor insoportable que sientes cuando alguien te tuerce el brazo.
En estos momentos, Slater y sus colegas están dando el paso lógico que podría esperar. Están construyendo un modelo integral en 3D del cuerpo humano y van a intentar hacer lo mismo con él que en el experimento comentado.
Si los resultados son similares, en la escala total del cuerpo, las consecuencias serán fascinantes. Se habrá conseguido un caso práctico en el que cuerpo y mente se habrán fusionado de una manera jamás vista.