“Contigo pan y cebolla”
¿Por qué decimos “contigo pan y cebolla”? ¿Por qué, precisamente, elegimos la cebolla como complemento del pan a la hora de expresar la dieta que nos resultará suficiente si estamos enamorados?
Se puede pensar que yo desvarío si digo que la razón podría ser el hecho de que la estructura de capas de la cebolla es una preciosa metáfora de la eternidad, y que todo amor tiende por definición a creerse eterno (aunque los cínicos dicen que la única diferencia entre un amor eterno y un capricho pasajero es que éste último suele durar algo más de tiempo…).
Pues yo sostengo el significado metafórico de la cebolla. Y de hecho, para apoyar mi tesis puedo aducir que en las pinturas que muestran los enterramientos corrientes de los antiguos egipcios siempre se ven representados platos con pan y cebolla. Los egiptólogos sugieren que la presencia de la cebolla en esos enterramientos podría tener relación con lo que he dicho respecto a la eternidad y las hojas de este bulbo.
Bueno, quizá yo esté sobreanalizando. Pero de vez en cuando me gusta caer en esa tentación. Sobre todo los sábados.
Reconozco que es más lógico pensar que la dieta basada en pan y cebolla es simplemente la más económica que se puede imaginar. Y por eso les basta a los amantes. Esto en casi todas las culturas. Un viajero inglés del XVIII, que recorre Rusia, se asombra al ver como los rusos preparan unos sencillos tentempiés a base de pan negro con un poco de cebolla o ajo, y sal. De igual modo, en las Bermudas, aún hoy se suele comer un sandwich llamado “nomebeses”, consistente en un par de lonchas de pan con cebolla en medio. Podríamos citar muchísimos ejemplos más.
En fin, una interpretación aún más retorcida sería la de vincular la cebolla con las lágrimas que a menudo acaba ocasionando el amor. La idea arrancaría del hecho de que la cebolla y el amor parecen ser las dos cosas que mejor movilizan las glándulas lacrimales de los humanos. Puede ser.
Pero, por otra parte, las lágrimas que nos ocasionan las cebollas son estupendas. Son un antibiótico natural maravilloso (creo que incluso antiviral; Fleming descubrió algo al respecto) y nos higienizan estupendamente los ojos, la nariz y la boca.
Normalmente, producimos apenas unos tres gramos de lágrimas cada día, como consecuencia de los diversos avatares de la vida cotidiana: estornudos, risas, bostezos…
Pero cortar una cebolla multiplica por mucho esas cantidades, con los consiguientes saludables efectos (por cierto, la cebolla expulsa la sustancia sulfurosa irritante que contiene como forma de defenderse de los depredadores: pura guerra química).
Así que larga vida a la cebolla, metáfora de lo eterno, sustento de los desdichados, alimento de los amantes, fuente inagotable de un llanto benéfico y llevadero…