Joludi Blog

Dec 10
Cerebro masculino, cerebro femenino.
Cuanto más se conoce el cerebro humano, mas diferencias se detectan entre la forma de pensar y comprender de los hombres y la de las mujeres. La mayoría de estas diferencias, parecen tener un origen evolutivo, como es lógico.Un curioso ejemplo es lo que ha descubierto Paul Andrews, de la Universidad Virginia, de Richmond. Resulta que los hombres parecen ser sustancialmente más perspicaces que las mujeres a la hora detectar una infidelidad conyugal. Según Andrews, esto tiene un sentido evolutivo, en la medida en que los padres nunca están del todo seguros sobre su paternidad. La Naturaleza parece haberles dotado de una clara ventaja comparativa para compensar esa limitación. David Buss ha comentado entusiásticamente el interesante hallazgo. Según Buss, éste sesgo natural podría ser, a su vez, la causa de la habitual sobreestimación que los hombres tienden a realizar respecto a las infidelidades de su pareja. Son tan “buenos” detectando infidelidades, que tienden a pasarse de listos a menudo.Pero la partida que juega la evolución no termina aquí. Si por un lado la Naturaleza hace a los hombres más perspicaces en términos de detección de infidelidades, parece ser que esa misma Naturaleza ha hecho más hábiles a las mujeres en materia de ocultación de sus engaños.O sea, que estamos en las mismas. Vaya que es complicada la Naturaleza. Total para nada.

Cerebro masculino, cerebro femenino.

Cuanto más se conoce el cerebro humano, mas diferencias se detectan entre la forma de pensar y comprender de los hombres y la de las mujeres. La mayoría de estas diferencias, parecen tener un origen evolutivo, como es lógico.
Un curioso ejemplo es lo que ha descubierto Paul Andrews, de la Universidad Virginia, de Richmond.
Resulta que los hombres parecen ser sustancialmente más perspicaces que las mujeres a la hora detectar una infidelidad conyugal.
Según Andrews, esto tiene un sentido evolutivo, en la medida en que los padres nunca están del todo seguros sobre su paternidad. La Naturaleza parece haberles dotado de una clara ventaja comparativa para compensar esa limitación.
David Buss ha comentado entusiásticamente el interesante hallazgo. Según Buss, éste sesgo natural podría ser, a su vez, la causa de la habitual sobreestimación que los hombres tienden a realizar respecto a las infidelidades de su pareja. Son tan “buenos” detectando infidelidades, que tienden a pasarse de listos a menudo.
Pero la partida que juega la evolución no termina aquí. Si por un lado la Naturaleza hace a los hombres más perspicaces en términos de detección de infidelidades, parece ser que esa misma Naturaleza ha hecho más hábiles a las mujeres en materia de ocultación de sus engaños.
O sea, que estamos en las mismas. Vaya que es complicada la Naturaleza. Total para nada.