Joludi Blog

May 23
Tifus.
Se extrañan de que no me guste el fútbol. ¡Pero si el fútbol no le gusta a nadie! 
Lo que a la gente le gusta es que gane su equipo. Y en igual medida que pierda el rival. Eso es lo que apasiona, lo que mueve a las masas y lo que genera un negocio multimillonario.
Pero el fútbol, en sí mismo, no hay quien lo aguante. Especialmente en partidos como el de ayer, donde el fútbol prosaíco del catenaccio se impone a la lírica del jogo bonito pasado por la escuela teutona (cosa rara que los italianos que se rodean de belleza por todas partes, practiquen un juego tan sórdido por más que eficiente).
Yo no he visto a nadie que diga “Oh, que deliciosa hora y media he pasado viendo la final; ha perdido mi equipo pero el juego fue tan hermoso…¡Oh, que dicha y goce he sentido!“ 
Sin embargo, una frase parecida sí se la podemos oir a un amante del tenís. O no digamos del ajedrez. En el tenis la gente sale satisfecha si su equipo ha jugado mal pero ha ganado. Eso es impensable en el fútbol. Si a mí me gusta el admirable y genial ajedrecista Shirov, por ejemplo, y hace una partida desastrosa pero su rival pierde por tiempo, eso no me satisface en absoluto. Saldré frustrado. A la inversa, si Shirov pierde después de una obra maestra de juego, yo quedo encantado. El resultado final no es relevante.
Si no ha rivalidad y pugna, no hay placer en el fútbol, Me da igual lo que hayan podido decir al respecto tifosi y jugadores aficionados ilustres, desde Heidegger a Passolini, pasando por Wojtila. O incluso las bobaditas que el gran Nicolas de Cusa decía allá por el siglo XV cuando analizaba aquella forma primitiva del fútbol, el calcio di livrea en Florencia y comparaba los partidos con el cosmos, viendo en el balón el trasunto esférico y perfecto del Dios mismo.
El fútbol es un rollo tártaro. Una peste, un colérica pasión decididamente enfermiza. No es extraño que a su fanáticos se les llame tifosi, a partir de la palabra griega typhos, que significa la fiebre derivada de las epidemias. Y que es también la que da origen a tifus. 

Tifus.

Se extrañan de que no me guste el fútbol. ¡Pero si el fútbol no le gusta a nadie! 

Lo que a la gente le gusta es que gane su equipo. Y en igual medida que pierda el rival. Eso es lo que apasiona, lo que mueve a las masas y lo que genera un negocio multimillonario.

Pero el fútbol, en sí mismo, no hay quien lo aguante. Especialmente en partidos como el de ayer, donde el fútbol prosaíco del catenaccio se impone a la lírica del jogo bonito pasado por la escuela teutona (cosa rara que los italianos que se rodean de belleza por todas partes, practiquen un juego tan sórdido por más que eficiente).

Yo no he visto a nadie que diga “Oh, que deliciosa hora y media he pasado viendo la final; ha perdido mi equipo pero el juego fue tan hermoso…¡Oh, que dicha y goce he sentido!“ 

Sin embargo, una frase parecida sí se la podemos oir a un amante del tenís. O no digamos del ajedrez. En el tenis la gente sale satisfecha si su equipo ha jugado mal pero ha ganado. Eso es impensable en el fútbol. Si a mí me gusta el admirable y genial ajedrecista Shirov, por ejemplo, y hace una partida desastrosa pero su rival pierde por tiempo, eso no me satisface en absoluto. Saldré frustrado. A la inversa, si Shirov pierde después de una obra maestra de juego, yo quedo encantado. El resultado final no es relevante.

Si no ha rivalidad y pugna, no hay placer en el fútbol, Me da igual lo que hayan podido decir al respecto tifosi y jugadores aficionados ilustres, desde Heidegger a Passolini, pasando por Wojtila. O incluso las bobaditas que el gran Nicolas de Cusa decía allá por el siglo XV cuando analizaba aquella forma primitiva del fútbol, el calcio di livrea en Florencia y comparaba los partidos con el cosmos, viendo en el balón el trasunto esférico y perfecto del Dios mismo.

El fútbol es un rollo tártaro. Una peste, un colérica pasión decididamente enfermiza. No es extraño que a su fanáticos se les llame tifosi, a partir de la palabra griega typhos, que significa la fiebre derivada de las epidemias. Y que es también la que da origen a tifus. 


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