Joludi Blog

Nov 1
Cigueñas.
–¿Por qué comemos perdices y no comemos cigueñas?-me pregunta mi hija mientras abrimos una lata de perdices escabechadas para cocinar juntos un estupendo gazpacho manchego.
La pregunta es muy interesante. Y tiene fácil respuesta. Hay cuatro razones.
La primera razón, y la más importante, es que la Biblia prohibe comer cigueña. Se dice con claridad en Levítico 11, 9. La razón posiblemente radica en el hecho de que es muy habitual ver a las cigueñas comer serpientes. Puede haber mil teorías más, vaya usted a saber. Lo cierto es que la cigueña no es en absoluto “kosher” y eso en ocasiones influye mucho en las tradiciones cristianas (tampoco comemos pelícano ni buhos, que también están prohibidos en la biblia). Quizá la prohibición de devorar cigüeñas también tenga algo que ver el hecho de que en hebreo, la palabra para referirse a esta zancuda es “hassida” que significa “piadosa” o “cariñosa”. Solo un bruto-impío- se come a una “piadosa”.
La segunda razón es que a) la cigueña es enorme y b) anida en las torres de los pueblos, a la vista de todos. Cualquiera entonces puede contemplar su exquisita forma de cuidar a sus pequeñuelos. Seguramente hay muchas otras aves tan cariñosas con su prole como la cigüeña, pero lo cierto es no se muestran tan abiertamente al personal (el márketing lo es todo).  Y solo un bruto se come a alguien tan manifiesta y tiernamente maternal.
La tercera razón es la preferencia de las cigüeñas por las torres de las iglesias. Atacarlas o capturarlas sería en cierto modo como violar la tregüa de Dios. Solo un bruto se come a alguien que tiene tanta querencia por la casa del Señor.
La cuarta razón es que, como consecuencia de todo lo anterior, la cigüeña ha ocupado un lugar en la iconografía popular como animal encargado de traer niños al mundo. En la pacata Inglaterra victoriana se popularizó la leyenda de la cigüeña como una fórmula para evitar tener que explicar a los niños el escabroso procedimiento natural para venir al mundo. De allí se expandió la leyenda, con la ayuda de Disney. Solo un bruto se come a quien se encarga de traernos los bebés.
Pero la Biblia no dice nada de las perdices que voy a comer dentro de un rato, sabiamente mezcladas con las deliciosas gachas de torta cenceña (el olvidado rival hispano de la pasta italiana). Muy al contrario, las perdices son totalmente kosher y de hecho, la perdiz estofada es un plato tradicional de la cocina sefardita. Por eso dejo de escribir en este momento y reanudo mis labores culinarias con el alma tranquila y el intelecto satisfecho.

Cigueñas.

–¿Por qué comemos perdices y no comemos cigueñas?-me pregunta mi hija mientras abrimos una lata de perdices escabechadas para cocinar juntos un estupendo gazpacho manchego.

La pregunta es muy interesante. Y tiene fácil respuesta. Hay cuatro razones.

La primera razón, y la más importante, es que la Biblia prohibe comer cigueña. Se dice con claridad en Levítico 11, 9. La razón posiblemente radica en el hecho de que es muy habitual ver a las cigueñas comer serpientes. Puede haber mil teorías más, vaya usted a saber. Lo cierto es que la cigueña no es en absoluto “kosher” y eso en ocasiones influye mucho en las tradiciones cristianas (tampoco comemos pelícano ni buhos, que también están prohibidos en la biblia). Quizá la prohibición de devorar cigüeñas también tenga algo que ver el hecho de que en hebreo, la palabra para referirse a esta zancuda es “hassida” que significa “piadosa” o “cariñosa”. Solo un bruto-impío- se come a una “piadosa”.

La segunda razón es que a) la cigueña es enorme y b) anida en las torres de los pueblos, a la vista de todos. Cualquiera entonces puede contemplar su exquisita forma de cuidar a sus pequeñuelos. Seguramente hay muchas otras aves tan cariñosas con su prole como la cigüeña, pero lo cierto es no se muestran tan abiertamente al personal (el márketing lo es todo). Y solo un bruto se come a alguien tan manifiesta y tiernamente maternal.

La tercera razón es la preferencia de las cigüeñas por las torres de las iglesias. Atacarlas o capturarlas sería en cierto modo como violar la tregüa de Dios. Solo un bruto se come a alguien que tiene tanta querencia por la casa del Señor.

La cuarta razón es que, como consecuencia de todo lo anterior, la cigüeña ha ocupado un lugar en la iconografía popular como animal encargado de traer niños al mundo. En la pacata Inglaterra victoriana se popularizó la leyenda de la cigüeña como una fórmula para evitar tener que explicar a los niños el escabroso procedimiento natural para venir al mundo. De allí se expandió la leyenda, con la ayuda de Disney. Solo un bruto se come a quien se encarga de traernos los bebés.

Pero la Biblia no dice nada de las perdices que voy a comer dentro de un rato, sabiamente mezcladas con las deliciosas gachas de torta cenceña (el olvidado rival hispano de la pasta italiana). Muy al contrario, las perdices son totalmente kosher y de hecho, la perdiz estofada es un plato tradicional de la cocina sefardita. Por eso dejo de escribir en este momento y reanudo mis labores culinarias con el alma tranquila y el intelecto satisfecho.