Quien tiene un amigo…
Las redes sociales del tipo Facebook están triunfando. La gente descubre alborozada, a través de su paginita en Facebook que tiene muchísimos más amigos de los que imaginaba. ¿No es fascinante?.
Pero quizá una cosa son los amigos “on line”, y otra cosa los amigos de verdad.
Hal Niedzviecky, joven periodista de Nueva York, decidió hacer un experimento al respecto. Un buen día entró en Facebook y cayó en la cuenta de que tenía nada menos que 700 “ciberamigos”. Una barbaridad. La verdad es que muchos ellos eran simplemente contactos de hace mucho tiempo, con los que había mantenido pocas relaciones últimamente, pero…ahí estaban.
Para celebrar este inaudito éxito social, revelado por la paginita de internet, Hal decidió invitar a sus 700 amigos, a una fiesta en su apartamento de Manhattan. Sin perder un momento, mandó los correspondientes emails pidiendo la oportuna confirmación.
15 personas de las 700, confirmaron su presencia en la fiesta. Otras 60 dijeron que harían los posible por acudir. Unos 200 le contestaron diciendo que agradecían mucho la invitación pero que no podrían participar. Y otros muchos ni siquiera le respondieron. Vaya por Dios.
Bueno. 15 personas bastan para hacer una fiesta, pensó Hal. Es un poco decepcionante un número tan bajo, cuando se ha descubierto que tienes 700 amigos, pero no está mal. Además, de los 60 “probables”, seguro que caerían unos cuantos. Y de ambos sexos.
Así que Hal Niedzviecky se puso a preparar la “quedada” en su casa de Nueva York. Compró bebidas abundantes, aros de cebolla, sandwichs y todo eso.
El día señalado, Hal lo dispuso todo, se acicaló. Se puso su mejor camisa y, hala, a esperar.
Esperó.
Esperó.
Y esperó.
Al final, ding-dong, apareció una sola persona.
Se llamaba Paula.
Hal y Paula charlaron un rato junto a la montaña de sandwichs, resistiendo como buenamente pudieron lo embarazoso de la situación.
Pero la tortura fue breve, porque Paula tenía que madrugar al día siguiente. Me ha encantado verte de nuevo. Muchas gracias, Hal.
Hal se quedó solo. Dramáticamente solo. Con el telón de fondo de un montón de sandwichs y aperitivos intactos.
Debió sentirse un tanto vacío.
Para consolarse, cogió uno de los sandwichs y se sentó ante su ordenador. Abrió su página de Facebook.
Descubrió entonces que el número total de amigos había subido aún más.
Ya eran 920.
–Qué maravilloso es internet–pensó, mientras abría su buzón rebosante de mensajes.