Joludi Blog

Aug 20
Sexo en Nueva York.
En los años previos a la primera Guerra Mundial, Nueva York era posiblemente la ciudad mas provinciana, puritana y reaccionaria de Occidente (así lo afirmaba Bernard Shaw, por ejemplo). Estaba en pleno vigor una terrible ley promovida por Anthony Comstock. Esta norma, llamada Ley Comstock perseguía toda conducta remotamente calificable de obscena o inmoral, incluyendo el control de natalidad mediante preservativos y cualquier manifestación artística o periódistica que pudiese tener la más mínima connotación pornográfica. En esa atmósfera policial e inconcebiblemente represiva que precedió a la Guerra del 14 (del 17 en Estados Unidos), una neoyorkina llamada Margaret Louise Sanger se decide a desafiar a la legión de torquemadas de la gran manzana y se convierte en la primera mujer activista por el control de natalidad. Corría el año 1912.Sanger se vuelca en cuerpo y alma en su causa. Está convencida de que es injusto lo que la natalidad sin control está haciendo con muchas mujeres neoyorkinas (su propia madre tuvo 12 hijos antes de morir de tuberculosis y cancer cervical). Escribe artículos y distribuye panfletos por la calle. No solo a favor del derecho al control de la natalidad sino también del derecho a la libertad de expresión. Se arriesga continuamente a ser arrestada. De hecho, la policía de Nueva York, aplicando la Ley Comstock la conduce a prisión por considerar nítidamente obscena la promoción del uso de preservativos.Margaret no cesa en su empeño. Desafía a la ley. Distribuye preservativos clandestinamente. Crea revistas. Funda asociaciones. En 1914 está a punto de ir de nuevo a prisión, por enviar por correo folletos divulgativos de los preservativos, lo que constituía por entonces un grave delito federal. Ingresa en la carcel aunque consigue salir pronto en libertad provisional.El enorme impacto sociológico de la Gran Guerra juega a su favor. Las costumbres se liberalizan con el retorno a casa del millón de soldados que han vivido la intensa experiencia europea (y con los aires de emancipación que también vivieron las mujeres que quedaron en norteamérica). Entramos sí, en la Jazz Age y en el tiempo de las flappers. Pero todavía no se autoriza el uso de preservativos ni se deja de calificar de obsceno el control de natalidad. Durante la época de la Ley Seca, Sanger se la juega trayendo a Nueva York miles de preservativos escondidos en las botellas de ginebra. Desafía una vez más todas las normas. En 1928 crea la Asociación Americana de Control de Natalidad. En 1950 recauda fondos para el desarrollo de la píldora anticonceptiva, que ella califica como la mejor inversión que se puede hacer en beneficio de la Humanidad. Entre 1952 y 1959 ejerce la presidenta de la International Planned Parenthood Federation. En 1960 presiona con furia a Kennedy para que asuma políticas activas de control de natalidad.Muere  a los 87 años, en 1966. Lejos de su New York natal. Ha pasado 50 años luchando por unas convicciones que nacieron cuando vio a su madre deshacerse físicamente tras doce partos, como tantas otras mujeres neoyorkinas.Ocho días después de su muerte, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos afirma por fin el carácter de derecho constitucional del control de natalidad, aunque solo para parejas casadas. Seis años antes se había legalizado la píldora anticonceptiva.

Sexo en Nueva York.

En los años previos a la primera Guerra Mundial, Nueva York era posiblemente la ciudad mas provinciana, puritana y reaccionaria de Occidente (así lo afirmaba Bernard Shaw, por ejemplo). Estaba en pleno vigor una terrible ley promovida por Anthony Comstock. Esta norma, llamada Ley Comstock perseguía toda conducta remotamente calificable de obscena o inmoral, incluyendo el control de natalidad mediante preservativos y cualquier manifestación artística o periódistica que pudiese tener la más mínima connotación pornográfica.
En esa atmósfera policial e inconcebiblemente represiva que precedió a la Guerra del 14 (del 17 en Estados Unidos), una neoyorkina llamada Margaret Louise Sanger se decide a desafiar a la legión de torquemadas de la gran manzana y se convierte en la primera mujer activista por el control de natalidad. Corría el año 1912.
Sanger se vuelca en cuerpo y alma en su causa. Está convencida de que es injusto lo que la natalidad sin control está haciendo con muchas mujeres neoyorkinas (su propia madre tuvo 12 hijos antes de morir de tuberculosis y cancer cervical). Escribe artículos y distribuye panfletos por la calle. No solo a favor del derecho al control de la natalidad sino también del derecho a la libertad de expresión. Se arriesga continuamente a ser arrestada. De hecho, la policía de Nueva York, aplicando la Ley Comstock la conduce a prisión por considerar nítidamente obscena la promoción del uso de preservativos.
Margaret no cesa en su empeño. Desafía a la ley. Distribuye preservativos clandestinamente. Crea revistas. Funda asociaciones. En 1914 está a punto de ir de nuevo a prisión, por enviar por correo folletos divulgativos de los preservativos, lo que constituía por entonces un grave delito federal. Ingresa en la carcel aunque consigue salir pronto en libertad provisional.
El enorme impacto sociológico de la Gran Guerra juega a su favor. Las costumbres se liberalizan con el retorno a casa del millón de soldados que han vivido la intensa experiencia europea (y con los aires de emancipación que también vivieron las mujeres que quedaron en norteamérica). Entramos sí, en la Jazz Age y en el tiempo de las flappers. Pero todavía no se autoriza el uso de preservativos ni se deja de calificar de obsceno el control de natalidad.
Durante la época de la Ley Seca, Sanger se la juega trayendo a Nueva York miles de preservativos escondidos en las botellas de ginebra. Desafía una vez más todas las normas. En 1928 crea la Asociación Americana de Control de Natalidad. En 1950 recauda fondos para el desarrollo de la píldora anticonceptiva, que ella califica como la mejor inversión que se puede hacer en beneficio de la Humanidad. Entre 1952 y 1959 ejerce la presidenta de la International Planned Parenthood Federation. En 1960 presiona con furia a Kennedy para que asuma políticas activas de control de natalidad.
Muere a los 87 años, en 1966. Lejos de su New York natal. Ha pasado 50 años luchando por unas convicciones que nacieron cuando vio a su madre deshacerse físicamente tras doce partos, como tantas otras mujeres neoyorkinas.
Ocho días después de su muerte, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos afirma por fin el carácter de derecho constitucional del control de natalidad, aunque solo para parejas casadas. Seis años antes se había legalizado la píldora anticonceptiva.


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