Neuroeconomía.
“El tabaco produce cáncer”…”Fumar mata”…”Fumar produce impotencia”…¿Tienen alguna eficacia todas esas apocalípticas advertencias que figuran, por imperativo legal, en los paquetes de tabaco?. Posiblemente no. Entre otras cosas, porque parece que los fumadores tienen mecanismos mentales de decisión bastante diferentes a los no fumadores. Y esa diferencia podría afectar, en primer término, a sus convicciones sobre el consumo de tabaco.
Es un descubrimiento que aún necesita confirmación pero parece muy prometedor. Ha surgido casualmente en el curso de un conjunto de experimentos realizados por el Baylor College of Medicine. Se comprobó que, en relación con un juego que involucraba riesgo económico, los fumadores toman decisiones completamente distintas a los fumadores, a partir de una información base idéntica. Los fumadores subestimaban claramente el riesgo, en relación con los no fumadores.
Es prematuro sacar conclusiones. Por ejemplo, no está claro si esa diferente actitud respecto al riesgo es una de las causas de la adicción a la nicotina o si más bien es su consecuencia. O si es, después de todo, pura casualidad. Pero lo cierto es que este tipo de hallazgos están poniendo de manifiesto que los mecanismos de decisión varían mucho de unas personas a otras. Lo que convence inmediatamente a uno, no es significativo para otro.
Este enfoque nuevo está haciendo emerger una disciplina científica totalmente desconocida hasta la fecha que ya empieza a dar sus primeros pasos: la neuroeconomía. Los neuroeconomistas serían los responsables de entender, desde la perspectiva de la neurociencia, y no de la pura racionalidad, los mecanismos que movilizan de verdad a los agentes económicos. Mecanismos que son, hoy por hoy, ni racionales ni predecibles. Al menos a juzgar por lo poco eficaces que parecen ser los economistas clásicos en sus estudios y planificaciones.