Joludi Blog

Jul 2
El brócoli.
George H.W. Bush, el padre del que sin duda pasará a la Historia como el peor presidente imaginable de los Estados Unidos, declaraba desafiantemente en la Casa Blanca, en 1990: “No me gusta el brócoli, y no me ha gustado desde que yo era pequeño y mi madre me obligaba a comérmelo. Ahora soy presidente de los Estados Unidos de América y no estoy dispuesto a seguir comiendo brócoli.”Años después, hemos sabido por el cocinero personal de Bush padre, que sigue sin comer brócoli, aunque la Casa Blanca ya no la ocupe él, sino su catastrófico vástago. El cocinero del que fue el 45 Presidente de los USA, un ex marino llamado Ariel de Guzmán, declaraba en 2005: “no es solo el brócoli lo que odia, sino también las coles de bruselas, el repollo y cualquier cosa que le huela mal”.Esta divertida anécdota me hace pensar si detrás de todo hombre poderoso no hay un niño que no quería comer brócoli.A mi me encanta el brócoli. Y es lo que cené anoche en cantidades ingentes. Seguro que este amor mío por el brócoli ha influido negativamente en mi destino profesional. Pero, teniendo en cuenta que este vegetal parece curar o prevenir casi cualquier cosa (desde la diabetes al cáncer de próstata), es posible que todo haya sido para bien. No soy Presidente, pero tengo una excelente salud, por el momento. Mejor para mí.Debo decir además que si se cocina bien, el brócoli no huele mal, frente a lo que piensa el ex Presidente. El brócoli solo huele mal si se cocina inadecuadamente, ya que contiene una sustancia sulfurosa (sulforafano) que se degrada cuando el guiso se prolonga mucho. El brócoli hay que prepararlo al dente. O alternativamente, se guisa de tal manera que el olor se neutralice. Un ejemplo de esta última opción es el delicioso “sparaceddi alla siciliana”, que es un guiso preparado lenta y amorosamente con trozos de fragante brócoli, cebollas doraditas, aceitunas negras, trocitos de anchoa, albahaca y mucho, mucho vino tinto. Simplísimo, pero excelso. No creo que los Bush conozcan esta receta maravillosa de la cocina siciliana. En cualquier caso no se lo merecen. Que sigan comiendo filetes de carne picada con salsa barbacoa. Que se fastidien.

El brócoli.

George H.W. Bush, el padre del que sin duda pasará a la Historia como el peor presidente imaginable de los Estados Unidos, declaraba desafiantemente en la Casa Blanca, en 1990: “No me gusta el brócoli, y no me ha gustado desde que yo era pequeño y mi madre me obligaba a comérmelo. Ahora soy presidente de los Estados Unidos de América y no estoy dispuesto a seguir comiendo brócoli.
Años después, hemos sabido por el cocinero personal de Bush padre, que sigue sin comer brócoli, aunque la Casa Blanca ya no la ocupe él, sino su catastrófico vástago. El cocinero del que fue el 45 Presidente de los USA, un ex marino llamado Ariel de Guzmán, declaraba en 2005: “no es solo el brócoli lo que odia, sino también las coles de bruselas, el repollo y cualquier cosa que le huela mal”.
Esta divertida anécdota me hace pensar si detrás de todo hombre poderoso no hay un niño que no quería comer brócoli.
A mi me encanta el brócoli. Y es lo que cené anoche en cantidades ingentes. Seguro que este amor mío por el brócoli ha influido negativamente en mi destino profesional. Pero, teniendo en cuenta que este vegetal parece curar o prevenir casi cualquier cosa (desde la diabetes al cáncer de próstata), es posible que todo haya sido para bien. No soy Presidente, pero tengo una excelente salud, por el momento. Mejor para mí.
Debo decir además que si se cocina bien, el brócoli no huele mal, frente a lo que piensa el ex Presidente. El brócoli solo huele mal si se cocina inadecuadamente, ya que contiene una sustancia sulfurosa (sulforafano) que se degrada cuando el guiso se prolonga mucho. El brócoli hay que prepararlo al dente. O alternativamente, se guisa de tal manera que el olor se neutralice. Un ejemplo de esta última opción es el delicioso “sparaceddi alla siciliana”, que es un guiso preparado lenta y amorosamente con trozos de fragante brócoli, cebollas doraditas, aceitunas negras, trocitos de anchoa, albahaca y mucho, mucho vino tinto. Simplísimo, pero excelso.
No creo que los Bush conozcan esta receta maravillosa de la cocina siciliana. En cualquier caso no se lo merecen. Que sigan comiendo filetes de carne picada con salsa barbacoa. Que se fastidien.