Joludi Blog

Jun 2
Las Matemáticas y la hermana de Shakespeare.
Hasta ahora, lo habitual era pensar que, por misteriosas razones biológicas, las chicas debían ser necesariamente peores que los chicos en mates. Pero un estudio de la Universidad de Florencia acaba de demostrar que ya no es así. Por lo menos en los países donde la igualdad de derechos entre los dos sexos está avanzando.El estudio ha sido llevado a cabo por Luigi Guiso del Instituto Universitario de Florencia, en colaboración con un Programa de la OCDE para el apoyo de las técnicas pedagógicas. Los investigadores han analizado nada menos que 276.000 estudiantes de 15 años de 40 países. Los resultados son concluyentes. Las chicas tienen peores notas en matemáticas, es cierto. Pero el diferencial con los chicos va disminuyendo en función de lo avanzado que sea cada país en términos de igualdad de género. De hecho, en los países que están a la cabeza del mundo en este tema, como Noruega o Suecia, el diferencial es nulo, mientras que en países como Turquía, Corea del Sur o Italia, muy pobres en políticas activas de igualdad, el diferencial está en torno a un 25%.En realidad, esto confirma lo que ya sospechábamos, es decir, que el problema de las mujeres con las matemáticas es algo relacionado más con aspectos sociales e históricos que con una verdadera deficiencia funcional de las féminas hacia los números o los conceptos lógicos abstractos. Históricamente, los hombres, incluso los hombres muy cultos, siempre han tenido prejuicios hacia la capacidad matemática de las mujeres. Parece que Kant decía que era más probable que las mujeres tuviesen barba que el supuesto de que fueran capaces de ocupar sus cabezas en sutilezas de la geometría. Si Kant dijo esto de verdad, es para decepcionarse, ya lo creo.Esta actitud negativa, a su vez, estaba relacionada también con las dificultades históricas de acceso de las mujeres a la formación matemática. Y no hace falta remontarse al medievo. Se cuenta que cuando Florence Nightingale (la gran mujer que sentó en la Guerra de Crimea las bases de la moderna profesión de la enfermería) expresó a su madre su interés por las matemáticas, esta le preguntó incrédula que “cuál podría ser la utilidad de las matemáticas en una mujer casada”. Pese a todo, Nightingale fue una extraordinaria matemática, y fue la primera mujer admitida en la Royal Statistical Society británica y miembro también de la American Statistical Association.Barreras de acceso a la larga y poco lucrativa formación matemática, así como una actitud negativa recalcitrante, son las verdaderas claves del aparente divorcio entre las ciencias exactas y las mujeres. Lo demás son prejuicios. Y el tiempo lo confirmará.Pese a todo, ha habido un buen puñado de mujeres que han vencido todos los obstáculos y han destacado como matemáticas. Como Hypatía de Alejandría, que en el siglo V fue destacada geómetra, o Ada Lovelace, que colaboró con Babbage en los balbuceos de lo que luego sería la informática moderna, a mediados del siglo XIX. Y más recientemente, ya en pleno siglo XX tenemos a mujeres destacadísimas como Julia Robinson, que resolvió (junto con Matiyasevich e Hilary Putnam, que pese a su nombre no es mujer en este caso) el endiabladamente difícil décimo problema de Hilbert sobre ecuaciones diofánticas. Decir que las mujeres no están dotadas para las matemáticas a partir de una observación de la Historia sería tan erróneo como si alguien, a primeros del siglo XX, hubiese dicho que los negros no estaban dotados para el baseball. La realidad se encargó de demostrar que era un problema social, no físico.Por supuesto que los mejores matemáticos de la historia fueron hombres. Y, hasta mediados del siglo XX los mejores karatekas o luchadores de sumo de la historia fueron japoneses. Pero hoy las cosas han cambiado. (por cierto que el mejor luchador de sumo de todos los tiempos no es precisamente nipón).Hay que reconocer que no existen mujeres matemáticas como Leibniz o Euler. Pero eso es más bien porque nadie, jamás, en la Historia, apostó por una mujer y su futuro en matemáticas como lo hicieron, por ejemplo, con Leibniz y con Euler.Para empezar, al joven Leibniz le buscaron un maestro que se llamaba nada menos que Christian Huygens. Y el de Euler era ni más ni menos que Johann Bernouilli.¿Nos podemos imaginar con quien estudiaron las hermanas de Leibniz y Euler…?Y, por cierto, esto de las hermanas me recuerda un texto interesante de Virginia Wolf respecto a hipotética  hermana de Shakespeare, que sintetiza la totalidad del problema. Segun Wolf, la hermana de Shakespeare “podría ser tan atrevida, tan imaginativa, tan enormemente curiosa como él. Pero ella no fue a la escuela, ni tuvo la oportunidad de aprender gramática ni lógica, mucho menos de leer a Horacio y Virgilio. Cogía un libro de vez en cuando y leía unas cuantas páginas. Pero entonces entraban sus padres y le decían que zurciera las medias o cuidara del guiso y no se distrajera con libros y papeles.”

Las Matemáticas y la hermana de Shakespeare.

Hasta ahora, lo habitual era pensar que, por misteriosas razones biológicas, las chicas debían ser necesariamente peores que los chicos en mates. Pero un estudio de la Universidad de Florencia acaba de demostrar que ya no es así. Por lo menos en los países donde la igualdad de derechos entre los dos sexos está avanzando.
El estudio ha sido llevado a cabo por Luigi Guiso del Instituto Universitario de Florencia, en colaboración con un Programa de la OCDE para el apoyo de las técnicas pedagógicas. Los investigadores han analizado nada menos que 276.000 estudiantes de 15 años de 40 países. Los resultados son concluyentes. Las chicas tienen peores notas en matemáticas, es cierto. Pero el diferencial con los chicos va disminuyendo en función de lo avanzado que sea cada país en términos de igualdad de género. De hecho, en los países que están a la cabeza del mundo en este tema, como Noruega o Suecia, el diferencial es nulo, mientras que en países como Turquía, Corea del Sur o Italia, muy pobres en políticas activas de igualdad, el diferencial está en torno a un 25%.
En realidad, esto confirma lo que ya sospechábamos, es decir, que el problema de las mujeres con las matemáticas es algo relacionado más con aspectos sociales e históricos que con una verdadera deficiencia funcional de las féminas hacia los números o los conceptos lógicos abstractos.
Históricamente, los hombres, incluso los hombres muy cultos, siempre han tenido prejuicios hacia la capacidad matemática de las mujeres. Parece que Kant decía que era más probable que las mujeres tuviesen barba que el supuesto de que fueran capaces de ocupar sus cabezas en sutilezas de la geometría. Si Kant dijo esto de verdad, es para decepcionarse, ya lo creo.
Esta actitud negativa, a su vez, estaba relacionada también con las dificultades históricas de acceso de las mujeres a la formación matemática. Y no hace falta remontarse al medievo. Se cuenta que cuando Florence Nightingale (la gran mujer que sentó en la Guerra de Crimea las bases de la moderna profesión de la enfermería) expresó a su madre su interés por las matemáticas, esta le preguntó incrédula que “cuál podría ser la utilidad de las matemáticas en una mujer casada”. Pese a todo, Nightingale fue una extraordinaria matemática, y fue la primera mujer admitida en la Royal Statistical Society británica y miembro también de la American Statistical Association.
Barreras de acceso a la larga y poco lucrativa formación matemática, así como una actitud negativa recalcitrante, son las verdaderas claves del aparente divorcio entre las ciencias exactas y las mujeres. Lo demás son prejuicios. Y el tiempo lo confirmará.
Pese a todo, ha habido un buen puñado de mujeres que han vencido todos los obstáculos y han destacado como matemáticas. Como Hypatía de Alejandría, que en el siglo V fue destacada geómetra, o Ada Lovelace, que colaboró con Babbage en los balbuceos de lo que luego sería la informática moderna, a mediados del siglo XIX. Y más recientemente, ya en pleno siglo XX tenemos a mujeres destacadísimas como Julia Robinson, que resolvió (junto con Matiyasevich e Hilary Putnam, que pese a su nombre no es mujer en este caso) el endiabladamente difícil décimo problema de Hilbert sobre ecuaciones diofánticas.
Decir que las mujeres no están dotadas para las matemáticas a partir de una observación de la Historia sería tan erróneo como si alguien, a primeros del siglo XX, hubiese dicho que los negros no estaban dotados para el baseball. La realidad se encargó de demostrar que era un problema social, no físico.
Por supuesto que los mejores matemáticos de la historia fueron hombres. Y, hasta mediados del siglo XX los mejores karatekas o luchadores de sumo de la historia fueron japoneses. Pero hoy las cosas han cambiado. (por cierto que el mejor luchador de sumo de todos los tiempos no es precisamente nipón).
Hay que reconocer que no existen mujeres matemáticas como Leibniz o Euler. Pero eso es más bien porque nadie, jamás, en la Historia, apostó por una mujer y su futuro en matemáticas como lo hicieron, por ejemplo, con Leibniz y con Euler.
Para empezar, al joven Leibniz le buscaron un maestro que se llamaba nada menos que Christian Huygens. Y el de Euler era ni más ni menos que Johann Bernouilli.
¿Nos podemos imaginar con quien estudiaron las hermanas de Leibniz y Euler…?
Y, por cierto, esto de las hermanas me recuerda un texto interesante de Virginia Wolf respecto a hipotética  hermana de Shakespeare, que sintetiza la totalidad del problema. Segun Wolf, la hermana de Shakespeare “podría ser tan atrevida, tan imaginativa, tan enormemente curiosa como él. Pero ella no fue a la escuela, ni tuvo la oportunidad de aprender gramática ni lógica, mucho menos de leer a Horacio y Virgilio. Cogía un libro de vez en cuando y leía unas cuantas páginas. Pero entonces entraban sus padres y le decían que zurciera las medias o cuidara del guiso y no se distrajera con libros y papeles.”