Joludi Blog

Jul 27
Juegos.
¿Aliviarán las victorias olímpicas la moral de los países postrados por las humillaciones financieras? 
Puede que sí. Al fin y al cabo, para eso están estos eventos. 
En esencia, los Juegos Olímpicos modernos nacieron como un vehículo para que los franceses se desquitasen de algún modo de las humillaciones recibidas por los robustos alemanes en la Guerra Franco Prusiana (la inferioridad física se vio como el factor clave de la derrota francesa). Se ansiaba recuperar en los estadios de Grecia lo que Francia parecía haber perdido en Sedan. 
Esa idea no confesada fue sin duda una de las claves para comprender la obsesión del Barón de Coubertin, y el eco con que fue acogida esa obsesión por sus compatriotas, aunque el Barón solo tuviese tres años cuando los germanos habían entrado victoriosos en París. 
Paradójicamente, la celebración de los primeros Juegos de la Era Moderna-una ocurrencia gala- no hubiese tenido lugar sin el esfuerzo financiero alemán, que fue el que hizo posible el renacer en Grecia de la antigua Olimpia mediante ingentes trabajos arqueológicos dirigidos por el gran Ernst Curtius, entre 1875 y 1881, y auspiciados por el rey de Prusia. 
Pero ese protagonismo germano no fue obstáculo para el compromiso francés con el proyecto. “Alemania ha exhumado lo que queda de Olimpia…¿por qué la Francia no va a tener éxito en hacer renacer sus esplendores?”, escribía Coubertin.
Así fue como nacieron los Juegos modernos, en plena efervescencia de los nacionalismos europeos y como un subproducto, después de todo, de esos mismos nacionalismos y querellas. 
No es de extrañar que algo de todo aquello subsista. La Historia es patológicamente obstinada. Y se repite hasta el tedio. Da vueltas y vueltas, como los corredores en el estadio.

Juegos.

¿Aliviarán las victorias olímpicas la moral de los países postrados por las humillaciones financieras? 

Puede que sí. Al fin y al cabo, para eso están estos eventos. 

En esencia, los Juegos Olímpicos modernos nacieron como un vehículo para que los franceses se desquitasen de algún modo de las humillaciones recibidas por los robustos alemanes en la Guerra Franco Prusiana (la inferioridad física se vio como el factor clave de la derrota francesa). Se ansiaba recuperar en los estadios de Grecia lo que Francia parecía haber perdido en Sedan. 

Esa idea no confesada fue sin duda una de las claves para comprender la obsesión del Barón de Coubertin, y el eco con que fue acogida esa obsesión por sus compatriotas, aunque el Barón solo tuviese tres años cuando los germanos habían entrado victoriosos en París. 

Paradójicamente, la celebración de los primeros Juegos de la Era Moderna-una ocurrencia gala- no hubiese tenido lugar sin el esfuerzo financiero alemán, que fue el que hizo posible el renacer en Grecia de la antigua Olimpia mediante ingentes trabajos arqueológicos dirigidos por el gran Ernst Curtius, entre 1875 y 1881, y auspiciados por el rey de Prusia. 

Pero ese protagonismo germano no fue obstáculo para el compromiso francés con el proyecto. “Alemania ha exhumado lo que queda de Olimpia…¿por qué la Francia no va a tener éxito en hacer renacer sus esplendores?”, escribía Coubertin.

Así fue como nacieron los Juegos modernos, en plena efervescencia de los nacionalismos europeos y como un subproducto, después de todo, de esos mismos nacionalismos y querellas. 

No es de extrañar que algo de todo aquello subsista. La Historia es patológicamente obstinada. Y se repite hasta el tedio. Da vueltas y vueltas, como los corredores en el estadio.


  1. joludi posted this