Lo lógico y lo accidental.
Me llamó la atención anoche ver que la película Sherlock Holmes, está inspirada, de principio a fin, en el mundo del ajedrez. Esto se aprecia desde el subtítulo del film, “Juego de Sombras”, hasta la última escena, que no es sino una partida de ajedrez entre Moriarty y Holmes. En realidad toda la trama viene a ser la alegoría de un combate en el tablero, con sacrificios de piezas y maniobras diversas, nítidamente ajedrecísticas, por parte de cada bando hasta llegar al climax de esa partida final. Una partida que termina con la memorable línea “jaque al descubierto e, incidentalmente, mate.”
Y una partida que por cierto parece que reproduce, con colores intercambiados y alguna variación menor, un legendario encuentro en California, en 1966, entre el muy creativo danés Larsen, a quien conocí hace muchos años, y el correoso armenio Tigran Vartanovich Petrosian, al que me hubiera gustado igualmente conocer, por ser, como declaró nada menos que el mismísimo Fischer, “el jugador más difícil de batir de la historia”. Es una partida magnífica, con un soberbio sacrificio de dama, que le permite a Larsen la hazaña de vencer a Petrosian.
Ese feroz armenio decía: “…estoy absolutamente convencido de que en el ajedrez nada es accidental, y este es mi credo. Solo aprecio aquellas de mis partidas en las que he jugado de acuerdo con las exigencias estrictas de cada posición. Yo solo creo en la lógica y en el juego correcto”.
Nada es accidental y hegemonía de la lógica, un buen credo para un detective.
O para su temible rival.