La oficina del alma.
En el último Simposio Internacional de Microbiología, organizado por el Instituto Pasteur, se ha confirmado lo que ya intuían los veganos y los partidarios acérrimos de la ortoalimentación, a saber, que la tipología de la flora intestinal (el microbioma) influye en la salud de una manera mucho más amplia e intensa de lo que imaginábamos, con efectos que ahora se revelan como muy importantes en relación con la hipertensión, la inflamación, la arterioesclerosis y otros muchos aspectos del bienestar físico, incluyendo el estado anímico y la ansiedad.
El vientre parece ser entonces algo así como nuestro segundo cerebro, y esto quizá lo confirma el hecho de que aquí abajo tenemos más de 200 millones de neuronas. Por eso nuestro estómago es capaz de reaccionar frente a los antidepresivos o influir sobre dolencias relacionadas con el sistema nervioso, como Parkinson. Pensar, decidir o actuar con el estómago tiene un sentido mas profundo de lo que parece. La mariposas revolotean en el estómago porque encuentran ahí un espacio natural para ese revoloteo.
El titular de estos descubrimientos podría ser que el vientre viene a ser el que lo determina todo, tanto o más que el cerebro.Y esto me parece que tiene algo como de marxismo biológico o intestinal, si se me permite la boutade.
Naturalmente, la idea ya nos lo había explicado con claridad Cervantes, hace siglos, cuando ponía en boca de el Quijote aquello de que hay que comer poco y cenar más poco, pues la salud del todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago…