Finanza y Bhisma el Terrible.
La palabra finanza viene de “fin”, ya se sabe. Es decir, las finanzas serían el arte de arreglárselas de algún modo para “finalizar” las operaciones de préstamo de dinero, para rematarlas. Ahora bien, ¿de dónde viene “fin”? Esto ya es más peliagudo. Y no deja de ser bonito. Nuestro fin nos lleva al latín “fendere”, hendir, dividir. El finem latino era la línea de división, el extremo de un territorio. Pero a su vez, el fendere latino provendría del verbo sánscrito bhid, que también significa hendir, y por analogía separar, destruir.
Esta raíz sánscrita es la que da origen al adjetivo bhima (pronunciado “fima”), que significa en sánscrito terrible, espantoso, enorme, colosal…
O sea que por aquí, la etimología ya va revelándonos el alma real de la palabra finanza.
En la mitología hindú, Bhima (Fima), es también el segundo de los cinco Pandavas, el hijo de Vayu y de Kunti, dotado de una fuerza descomunal. Es capaz de romper el arco de Siva (el sivadhanus). Mata a las raksasas Baka y Hidimba. Mata a Duhsasana, del que había jurado beber su sangre. Y derrota, con artes traicioneras, en combate singular, a Duryodhana, provocando con ello la cólera de Balarama, que no le perdona su golpe desleal, impropio de un Ksatriya.
Nunca falla la sabiduría ancestral de las palabras. Y menos aún la de los mitos.