Joludi Blog

May 30
El Mono Argumentativo.
Cabe preguntarse por qué desconfía la sociedad tanto de sus gobernantes. Curiosamente, la ciencia tiene algo que decir al respecto. Un reciente estudio de Hugo Mercier y Dan Sperber de la Universidad Central Europea de Budapest, sugiere que en los ámbitos donde el ser humano se ve obligado a exponer a los demás sus convicciones, es donde se intensifica hasta el paroxismo el llamado “confirmation bias”.
El “confirmation bias” o falacia de confirmación selectiva, es una conocida debilidad de nuestra forma de interpretar la realidad que nos rodea. Significa,en pocas palabras, que primero elaboramos una hipótesis conforme a nuestros intereses, y luego escogemos cuidadosamente los hechos observables para confirmarla, desechando aquellos que la contradicen. El gran Novalis dijo algo sutil al respecto, cuando señalaba que las hipótesis que realizamos son como redes que lanzamos al mar, sabiendo que tarde o temprano encontrarán algunos pececillos…
La falacia de confirmación ya fue muy estudiada por Kahneman y Tversky. Pero ahora Mercier y Sperber han intentado dar un paso más allá. Se han preguntado cuál puede ser el sentido evolutivo de este increible “bug” en el software del ser humano. La verdadera cuestión sería preguntarse por qué la evolución ha consentido que suframos el espejismo de confirmación a lo largo de los milenios…
La posible respuesta es fascinante. Somos (en principio) seres sociales, comunicativos e inteligentes. Y eso hace que para sobrevivir en la tribu, tengamos que ser no solo racionales, sino por encima de todo, persuasivos. 
Para Mercier y Sperber, el Homo Sapiens sería ante todo el Homo Contentiosus, el hombre argumentativo, el hombre discutidor. Un mono que persuade, en esencia.
Dicho de otro modo, el hombre necesita persuadir para sobrevivir en un medio social altamente relacionado. Y la capacidad de persuadir, empezando por persuadirse uno mismo, está en relación directa con nuestra propensión a usar y abusar de la falacia de confirmación selectiva.
Por eso mismo, los políticos, inmersos en un medio de altísima interrelación social, se ven obligados a hacer uso de la falacia de confirmación de un modo especialmente intenso. No es que mientan por sistema, es que no tienen escrúpulos en escoger solo los datos que les convienen en cada momento para justificar con ellos sus posiciones específicas. Desde fuera, esto se ve como un paroxismo del embuste. Y en cierto modo lo es. 
Pero no mienten los políticos porque sean políticos, sino más bien porque son simplemente primates altamente sociales inmersos en una selva de interrelaciones. Son monos argumentativos, en la jungla de los (sus) intereses.

El Mono Argumentativo.

Cabe preguntarse por qué desconfía la sociedad tanto de sus gobernantes. Curiosamente, la ciencia tiene algo que decir al respecto. Un reciente estudio de Hugo Mercier y Dan Sperber de la Universidad Central Europea de Budapest, sugiere que en los ámbitos donde el ser humano se ve obligado a exponer a los demás sus convicciones, es donde se intensifica hasta el paroxismo el llamado “confirmation bias”.

El “confirmation bias” o falacia de confirmación selectiva, es una conocida debilidad de nuestra forma de interpretar la realidad que nos rodea. Significa,en pocas palabras, que primero elaboramos una hipótesis conforme a nuestros intereses, y luego escogemos cuidadosamente los hechos observables para confirmarla, desechando aquellos que la contradicen. El gran Novalis dijo algo sutil al respecto, cuando señalaba que las hipótesis que realizamos son como redes que lanzamos al mar, sabiendo que tarde o temprano encontrarán algunos pececillos…

La falacia de confirmación ya fue muy estudiada por Kahneman y Tversky. Pero ahora Mercier y Sperber han intentado dar un paso más allá. Se han preguntado cuál puede ser el sentido evolutivo de este increible “bug” en el software del ser humano. La verdadera cuestión sería preguntarse por qué la evolución ha consentido que suframos el espejismo de confirmación a lo largo de los milenios…

La posible respuesta es fascinante. Somos (en principio) seres sociales, comunicativos e inteligentes. Y eso hace que para sobrevivir en la tribu, tengamos que ser no solo racionales, sino por encima de todo, persuasivos. 

Para Mercier y Sperber, el Homo Sapiens sería ante todo el Homo Contentiosus, el hombre argumentativo, el hombre discutidor. Un mono que persuade, en esencia.

Dicho de otro modo, el hombre necesita persuadir para sobrevivir en un medio social altamente relacionado. Y la capacidad de persuadir, empezando por persuadirse uno mismo, está en relación directa con nuestra propensión a usar y abusar de la falacia de confirmación selectiva.

Por eso mismo, los políticos, inmersos en un medio de altísima interrelación social, se ven obligados a hacer uso de la falacia de confirmación de un modo especialmente intenso. No es que mientan por sistema, es que no tienen escrúpulos en escoger solo los datos que les convienen en cada momento para justificar con ellos sus posiciones específicas. Desde fuera, esto se ve como un paroxismo del embuste. Y en cierto modo lo es. 

Pero no mienten los políticos porque sean políticos, sino más bien porque son simplemente primates altamente sociales inmersos en una selva de interrelaciones. Son monos argumentativos, en la jungla de los (sus) intereses.



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