Lo que nos hace humanos.
¿Qué nos convierte en personas humanas? Para los antropólogos no cabe duda. Consideran que un homínido era humano si pueden detectar mediante algún vestigio arquelógico o paleontológico que ese homínido realizaba algún tipo de ritos funerarios. No hay civilización si no hay enterramientos.
Es humano el ser que tiene conciencia de sí. Pero esta “conciencia de sí” tiene un terrible precio. Porque solo se obtiene con temor, ansiedad y conciencia de muerte.
El hombre es el único ser que sabe que va a morir un día, pese a provenir de antepasados que ignoraban completamente este hecho.
Los animales, ni siquiera los primates, no entienden bien lo que es la muerte (aunque existen extrañas referencias a los elefantes y su sentido de la muerte y el culto a los antepasados). Los animales sufren cuando agonizan, perciben su debilidad generalizada, pero no saben que están muriendo. Ni lo saben sus congéneres.
Cuando a una mamá chimpancé se le muere su bebé, no lo abandona inmediatamente. Sigue manteniéndolo en sus brazos durante días. Y cada cierto tiempo, trata de despertarlo. Así hasta que un día, ya no ve lo que está en sus brazos como un bebé, sino simplemente un trozo de carne. Entonces lo abandona en un rincón apartado. Para ella, su vástago no ha muerto. O no entiende que haya muerto. Ha ocurrido una transformación que ella no alcanza a entender. Tan solo eso.
Solo cuando surge la conciencia traumática de la muerte se puede hablar de auténtica humanidad. Así, la muerte va indisociablemente unida a nuestra naturaleza de hombres. Es en el momento en el que atisbamos el hecho de la muerte, cuando comemos de esa fruta prohibida del árbol del conocimiento, Y cuando nos convertimos en humanos, cobrando conciencia de nosotros mismos. Unamuno repetía una y otra vez que la especie humana es la especie que entierra, que hace casas más duraderas para los muertos que para los vivos; la especie guardamuertos…
Nuestra vida como hombres no es más que una consecuencia de nuestra muerte. Un terrible sarcasmo.