Joludi Blog

Dec 1
La Cuchara de DalíSalvador Dalí decía que tenía una técnica infalible para producir ideas e inspiraciones para sus cuadros. Basta echarse a dormir la siesta con una cucharilla en la mano. En el momento preciso en el que la mente comienza a entrar en el mundo de los sueños, la cucharilla se caerá y nos despertará. Habremos retornado al mundo de la vigilia con una nueva idea. Seguro. Eso es lo que dice Dalí.Esta técnica de la cucharilla tiene mucha más miga de lo que parece. Resulta ya totalmente demostrado que el pensamiento subconsciente es la fuente principal de la inspiración, y por ende, de la creatividad. Hay multitud de estudios e investigaciones que avalan esta teoría. Desde los trabajos de Colin Martindale de la  Universidad de Maine, hace ya 30 años, hasta los importantísimos hallazgos de este año de Jordan Peterson y su equipo de la Universidad de Toronto.A medida que avanza el conocimiento de la mente humana, el subconsciente va creciendo en significación. Algunos científicos llegan a adoptar una postura un tanto extrema, considerando que la inmensa mayoría de nuestras actividades cotidianas están condicionadas fortísimamente por nuestro subconsciente, lo que nos convertiría en un especie de zombies, guiados por las fuerzas tenebrosas de las profundidades no conscientes de nuestra mente. Quizá es exagerado, pero los hallazgos de los últimos estudios apuntan en esta inesperada dirección.La investigación que más me ha impresionado últimamente es la del Profesor Dehaene, de la Unidad de Neuroimagen Cognitiva, del Instituto de la Salud francés (el INSERM).Dehaene expuso a unos voluntarios ante una proyección de vídeo en la que se presentaban velocísimamente ciertas palabras. Al principio, las palabras eran visibles solo durante algún milisegundo, lo que hacía imposible su percepción por parte de los voluntarios. Gradualmente, Dehaene aumentaba el tiempo de exposición. Al llegar a los 50 milisegundos (media décima de segundo) comprobaba que los voluntarios comenzaban a percibir las palabras con su significado.Sin embargo, cuando Dehaene preguntaba a los voluntarios si las palabras presentadas durante menos de 50 milisegundos (y por lo tanto desapercibidas para ellos) pertenecían al mundo artificial o al mundo la naturaleza, las respuestas de los voluntarios eran mucho más precisas que si se tratase de puro azar. ¡Habían percibido lo que parecía que no habían visto!¿Qué significado tiene este estudio para el profesor Dehaene? Muy sencillo. Significa que nuestros subconsciente está percibiendo continuamente el mundo que nos rodea, a través de los sentidos, incluso cuando creemos que no estamos percibiendo o captando nada. Nuestro subconsciente monitoriza la realidad circundante de forma permanente, velocísima, casi paroxística, y es él quien toma la decisión sobre la dirección específica hacia la que debemos orientar nuestra atención consciente en cada momento. Estamos en cierto modo, ante la constatación de esa teoría del zombi en manos del subconsciente. Vemos y sentimos lo que nuestro subconsciente quiere que veamos y sintamos.Lo que parece indudable es que el subconsciente es mucho más importante en nuestras vidas de lo que hasta ahora creíamos. Y si lo es para el hombre normal, aún con mayor razones lo es para los creadores, ya sea en el ámbito del arte, de la literatura, de la ciencia…Así que la teoría de la cuchara de Dalí está muy bien vista. Como señala Bernard Weber, es, ciertamente, una de las técnicas de creación de ideas más originales y eficaces que se conocen. Yo estoy de acuerdo, por experiencia, en que muy poco petroleo creativo se puede sacar del consciente, de los caminos trillados, del saber convencional y de los rígidos esquemas de la razón. Las ideas nacen de pensar lo impensable, de creer en lo increible, de soñar lo no soñado todavía. Y en este sentido, encaminar nuestros pasos hacia las profundidades de nuestro subconsciente resulta, como sugería Fellini, el más productivo de los viajes, creativamente hablando. Las música de las nuevas ideas sólo puede escucharse cuando la razón deja de hacer ruido. Y eso es justamente lo que ocurre en el subconsciente.

La Cuchara de Dalí

Salvador Dalí decía que tenía una técnica infalible para producir ideas e inspiraciones para sus cuadros. Basta echarse a dormir la siesta con una cucharilla en la mano. En el momento preciso en el que la mente comienza a entrar en el mundo de los sueños, la cucharilla se caerá y nos despertará. Habremos retornado al mundo de la vigilia con una nueva idea. Seguro. Eso es lo que dice Dalí.

Esta técnica de la cucharilla tiene mucha más miga de lo que parece. Resulta ya totalmente demostrado que el pensamiento subconsciente es la fuente principal de la inspiración, y por ende, de la creatividad. Hay multitud de estudios e investigaciones que avalan esta teoría. Desde los trabajos de Colin Martindale de la  Universidad de Maine, hace ya 30 años, hasta los importantísimos hallazgos de este año de Jordan Peterson y su equipo de la Universidad de Toronto.

A medida que avanza el conocimiento de la mente humana, el subconsciente va creciendo en significación. Algunos científicos llegan a adoptar una postura un tanto extrema, considerando que la inmensa mayoría de nuestras actividades cotidianas están condicionadas fortísimamente por nuestro subconsciente, lo que nos convertiría en un especie de zombies, guiados por las fuerzas tenebrosas de las profundidades no conscientes de nuestra mente. Quizá es exagerado, pero los hallazgos de los últimos estudios apuntan en esta inesperada dirección.

La investigación que más me ha impresionado últimamente es la del Profesor Dehaene, de la Unidad de Neuroimagen Cognitiva, del Instituto de la Salud francés (el INSERM).

Dehaene expuso a unos voluntarios ante una proyección de vídeo en la que se presentaban velocísimamente ciertas palabras. Al principio, las palabras eran visibles solo durante algún milisegundo, lo que hacía imposible su percepción por parte de los voluntarios. Gradualmente, Dehaene aumentaba el tiempo de exposición. Al llegar a los 50 milisegundos (media décima de segundo) comprobaba que los voluntarios comenzaban a percibir las palabras con su significado.

Sin embargo, cuando Dehaene preguntaba a los voluntarios si las palabras presentadas durante menos de 50 milisegundos (y por lo tanto desapercibidas para ellos) pertenecían al mundo artificial o al mundo la naturaleza, las respuestas de los voluntarios eran mucho más precisas que si se tratase de puro azar. ¡Habían percibido lo que parecía que no habían visto!

¿Qué significado tiene este estudio para el profesor Dehaene? Muy sencillo. Significa que nuestros subconsciente está percibiendo continuamente el mundo que nos rodea, a través de los sentidos, incluso cuando creemos que no estamos percibiendo o captando nada. Nuestro subconsciente monitoriza la realidad circundante de forma permanente, velocísima, casi paroxística, y es él quien toma la decisión sobre la dirección específica hacia la que debemos orientar nuestra atención consciente en cada momento. Estamos en cierto modo, ante la constatación de esa teoría del zombi en manos del subconsciente. Vemos y sentimos lo que nuestro subconsciente quiere que veamos y sintamos.

Lo que parece indudable es que el subconsciente es mucho más importante en nuestras vidas de lo que hasta ahora creíamos. Y si lo es para el hombre normal, aún con mayor razones lo es para los creadores, ya sea en el ámbito del arte, de la literatura, de la ciencia…

Así que la teoría de la cuchara de Dalí está muy bien vista. Como señala Bernard Weber, es, ciertamente, una de las técnicas de creación de ideas más originales y eficaces que se conocen.

Yo estoy de acuerdo, por experiencia, en que muy poco petroleo creativo se puede sacar del consciente, de los caminos trillados, del saber convencional y de los rígidos esquemas de la razón.

Las ideas nacen de pensar lo impensable, de creer en lo increible, de soñar lo no soñado todavía. Y en este sentido, encaminar nuestros pasos hacia las profundidades de nuestro subconsciente resulta, como sugería Fellini, el más productivo de los viajes, creativamente hablando.

Las música de las nuevas ideas sólo puede escucharse cuando la razón deja de hacer ruido.

Y eso es justamente lo que ocurre en el subconsciente.


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