Agua Milagrosa
Mis hijas se enfadan conmigo porque me paso el día diciendo, en tono despectivo “¡esto es puro marketing!”. Es cierto que uso y abuso de la frasecita para lacerar sin piedad los ripiosos temas de la Oreja de Van Gogh o El Sueño de Morfeo, o para criticar una marca de zapatillas de deporte carísimas, o una película de Hollywood, o el vomitivo café aguachirle de Starbucks o mil cosas más de la vida cotidiana.
Tiene gracia que yo, que me he ganado la vida en buena medida con el márketing (¿o me la he perdido?), tenga siempre en la boca esta frasecita de marras que tanto les molesta a Marta y Mercedes.
En realidad, lo queramos o no, el márketing es el arte de vender por mucho lo que no vale casi nada. Y esa verdad indiscutible provoca en mí sentimientos encontrados. Por un lado admiro al artífice del milagro (en ocasiones lo he sido yo mismo). Por otro lado desprecio un mundo en el que las cosas son solo fachada, atrezzo, humo…
Sí. “Vender por mucho lo que nada vale”. En esa frase se sintetiza la grandeza y la miseria del márketing.
Una actividad que comenzó hace muchos, muchos años. Yo creo que cuando a alguien se le ocurrió poner pilas de agua bendita en las iglesias. Un fenómeno ese tío.
El agua de las pilas bautismales, es el primer gran éxito de la mercadotecnia y abrió para siempre las anchas avenidas del marketing y la publicidad. De alguna manera, el agua bendita era lo único material que los fieles se llevaban de los templos, tras haber dejado el correspondiente diezmo u óbolo en las cestitas. Impresionante rentabilidad. El agua practicamente tiene un coste cero, y en cambio la caridad de los feligreses fue la que levantó a lo largo de los siglos el inmenso patrimonio de la institución más rica de la tierra (y del cielo).
Recientemente, muchos se han debido inspirar en esta genialidad ancestral del agua bendita para poner en marcha otros desafíos similares de márketing.
El agua mineral, cualquier agua mineral, es en sí misma el primer mejor ejemplo de que se puede vender por mucho algo que no vale nada. El contenido de una botella que se vende por 60 cms. no tiene siquiera un coste real para el fabricante de 2 cms. (aunque hay que reconocer los altos costes de distribución y comercialización, sin duda).
Pero el tema es más “bonito” cuando pensamos en estas aguas “de diseño” que recientemente han comenzado a aparecer. Agua con vitaminas. Agua de los glaciares de Finlandia. Agua con doble dosis de oxígeno para evitar el envejecimiento.
Con estas bobaditas, se consigue vender por 1,5 euros (¡o más!) algo que sigue costando, en términos de materia prima, no más de esos 2 o 3 céntimos. ¡Brillante!
Pero el más difícil todavía en esto del agua, ha aparecido ahora. Acaba de surgir en en el mercado norteamericano la marca H2OM, en California. El no va más hídrico.
El agua mineral H2OM recibe, antes de ser embotellada, una dosis bien calculada de vibraciones musicales y discursos o recitales de poesía. Se supone que con eso adquiere importantes propiedades…
Por lo visto, esta tecnología se basa en los trabajos de un tal Dr. Emoto, del que ha hablado incluso el prestigioso The Wall Street Journal. Según el galeno nipón, el agua es un ente muy sensible o sensitivo. El agua registra y transmite fielmente las frecuencias a las que está expuesta. Sostiene el Dr. Emoto que hay abundante documentación científica que demuestra que el líquido elemento está directamente afectada por las palabras, sonidos y pensamientos a las que está expuesto.
Todas estas teorías, en las que se basa el nuevo lanzamiento de esta marca de agua mineral, están descritas y detalladas en el libro “Los mensajes ocultos del agua”, publicado recientemente en Japón y convertido enseguida en un bestseller (500.000 ejemplares vendidos). El libro ilustra cómo parece existir algo así como una especie de “conciencia” del agua, lo que da sentido a tratarla con palabras, músicas, fotos y pensamientos.
Así que ya lo sabemos. Esto del agua mineral con vibraciones se basa en sesudos estudios, faltaría más. Y las posibilidades de enriquecer el líquido con musiquillas y poesías, abren todo un mundo de posibilidades.
De hecho, la marca norteamericana ya ha lanzado diferentes variedades de agua “vibrada”. Cómo no. Ya puestos, han pensado que podían lanzar al mercado toda una gama de agua milagrosa. Eso se llama técnicamente “extensión de marca” y es una forma de sacar aún más pelillas de una buena idea comercial.
Lo cierto es en estos momentos, los afortunados consumidores norteamericanos tienen el inmenso privilegio de poder elegir entre diferentes “flavors” de H2OM: AMOR, SALUD, PROSPERIDAD, GRATITUD, FUERZA DE VOLUNTAD, PAZ Y ALEGRIA. No me cabe duda de que en un futuro próximo, aparecerán variedades aún más específicas orientadas al éxito laboral o la potencia sexual, pongamos por caso. No hay problema. El agua lo puede todo. Si queremos que nos ayude a progresar en la empresa la sometemos a una conferencia de Peter Drucker y ya está. Y si aspiramos a que nos convierta en superdotados sexuales, pues, que se yo, ponemos junto a la fuente unos altavoces potentísimos reproduciendo una y otra vez la canción “Sex Bomb” del testosterónico Tom Jones… Las posibilidades son infinitas.
Que me manden ya un cargamento de esas botellitas. Me voy a poner morado a beber ese agua milagrosa que me va a proporcionar una felicidad y una autorrealización sin límites, sorbo a sorbo.
Sólo espero que mis hijas no se aficionen mucho a este agua tan superpija. Las temo. Porque apuesto a que el precio de este agua mineral, litro por litro, no debe estar muy lejos de mi querido Bordeaux Poitevin, que me envía por Navidad mi entrañable René y que ese sí que tiene efectos milagrosos, según me consta a mí sin ningún genero de dudas. Pongo la mano en el fuego.