Las palomas de astorga y el Titanic.
Hace unos días, volviendo de Galicia, me detuve en Astorga. Es una pequeña ciudad preciosa (creo recordar que es, técnicamente hablando, la ciudad más antigua de la península, la ancestral Asturica pre-romana, pero no estoy seguro de cuál era el criterio utilizado en esta aseveración). La gente no suele conocer Astorga porque pasa de largo, ya que la carretera ha eludido desde siempre el centro histórico de la ciudad. Es lo mismo con todo. Lo más bello lo tenemos a nuestro lado y nos pasa desapercibido por nuestra pereza mental.
Astorga tiene una magnífica catedral, junto con un fantástico palacio episcopal de Gaudi que parece una construcción sacada de un videojuego. Cuando en 1886 se quemó el antiguo edificio episcopal, el entonces Obispo de Astorga, un tal Grau, era un buen amigo de juventud de Gaudi y le pidió al genial arquitecto que se encargase de la nueva construcción. Como resultado, la ciudad más antigua de España, se dotó a primeros del siglo XX de uno de los edificios religiosos más vanguardistas del mundo, para su época. E incluso con los criterios actuales.
Entre el palacio de Gaudí y la Catedral, hay una fuente que constituye un rincón favorito para las palomas. Me entretuve no menos de una hora haciendo fotos a las aves que jugueteaban con el agua. Algunas de las fotos me parece que podrían ser interesantes, como la que reproduzco aquí. Puede tener su gracia esta composición casual, que parece conceptualizar un instante efímer cualquiera.
¿Por qué pase tanto tiempo fotografiando a las palomas de Astorga?
No lo se. Las palomas siempre me parecieron intrigantes y a la vez evocadoras. En el antiguo oriente medio, estas aves simbolizaban a las deidades femeninas de la fecundidad y el amor. Los romanos sacrificaban palomas a Venus. Pero a mí me parece que el verdadero nervio semiótico de la paloma no está en el erotismo, sino en la renovación de la vida, combinado con un indudable y predominante componente oracular. El mito cristiano del Espíritu Santo, que se aparece a los apóstoles en forma de paloma tras la muerte de Cristo no es sino una trasposición del mito babilónico de la diosa Semiramis, que se convierte en paloma al abandonar la tierra. En la Eneida, Virgilio convierte a las palomas en guías de Eneas. Y el oráculo de Mahoma era justamente una paloma.
Uniendo ambos significados, el oracular y el de renovación, la paloma se configura como el arquetipo del enviado de los dioses, que trae a la tierra un mensaje de esperanza y renovación.
Eso es justamente lo que representa el mito de Noé y su arca. Tras el diluvio, la paloma vuelve a la nave con una ramita de olivo en el pico, lo que simboliza un mensaje de renovación de la vida y de aplacamiento de la ira divina.
En todas estas cosillas me enredaba yo mientras iba haciendo las fotos a las palomas de la fuente de Astorga. Tal vez por eso se me pasó el tiempo tan rápido. Y tal vez por eso las fotos fueron tan malas. Mira que hacía frío, además.
Por cierto que un amigo mío siempre utiliza una expresión divertida relacionada con Noe para defender la idea de que es mucho mejor ser aficionado que profesional, en diferentes áreas de la vida.
“Recuerda, José Luis”, me suele decir “que fueron los aficionados los que construyeron el arca de Noe. Los profesionales hicieron el Titanic”.