Joludi Blog

Feb 8
El Año de Dickens.
Ayer se celebró en todo el mundo el bicentenario de Dickens. 
No es un aniversario cualquiera porque Dickens no es un escritor cualquiera. Resulta que según todos los estudios (por ejemplo el que ha hecho Sergio Vila-Sanjuán) Dickens ha vendido más libros que ningún otro ser humano (dejando aparte la Biblia, el Corán o el Libro Rojo de Mao, que no siempre se han vendido o comprado por razones estrictamente literarias). 
En su tiempo, la gente esperaba en los puertos la llegada de los folletines de Dickens a bordo de los cargueros (y a veces el capitán del barco tenía el detalle de avisar desde cubierta sobre el destino de la pequeña Nelly o sobre el último avatar de Oliver). 
Cuando las entregas de sus obras llegaban por correo a los diferentes pueblos ingleses, los vecinos salían sistemáticamente a las afueras para adelantarse a la llegada del carruaje y saber anticipadamente si David se había casado finalmente con Inés o para conocer el enésimo revés financiero de Micawber, que sin embargo, no conseguiría tampoco privarle de su buen humor y de su afición a los ponches.
¿Cuál es el secreto de Dickens? ¿Cómo ha podido tener una influencia tan colosal? 
La clave la vió Zweig. En Dickens, quizá como en ningún otro caso, convergen el poeta, el narrador popular y el rebelde. Sobre todo el rebelde. Un rebelde que se niega a aceptar el sufrimiento humano que le rodea y tomarlo como simple materia prima para su trabajo de orfebre de palabras, al estilo de un Borges o un Nabokov, pongamos por caso. Dickens va más allá, se compromete, representa una ruptura generacional decidida, un cambio copernicano de valores. Un grito genial de cólera frente a la barbarie de la injusticia social vigente en su tiempo.
Dickens era un indignado. Un indignado genial. 
Como los que nos hacen falta en estos tiempos.

El Año de Dickens.

Ayer se celebró en todo el mundo el bicentenario de Dickens. 

No es un aniversario cualquiera porque Dickens no es un escritor cualquiera. Resulta que según todos los estudios (por ejemplo el que ha hecho Sergio Vila-Sanjuán) Dickens ha vendido más libros que ningún otro ser humano (dejando aparte la Biblia, el Corán o el Libro Rojo de Mao, que no siempre se han vendido o comprado por razones estrictamente literarias). 

En su tiempo, la gente esperaba en los puertos la llegada de los folletines de Dickens a bordo de los cargueros (y a veces el capitán del barco tenía el detalle de avisar desde cubierta sobre el destino de la pequeña Nelly o sobre el último avatar de Oliver). 

Cuando las entregas de sus obras llegaban por correo a los diferentes pueblos ingleses, los vecinos salían sistemáticamente a las afueras para adelantarse a la llegada del carruaje y saber anticipadamente si David se había casado finalmente con Inés o para conocer el enésimo revés financiero de Micawber, que sin embargo, no conseguiría tampoco privarle de su buen humor y de su afición a los ponches.

¿Cuál es el secreto de Dickens? ¿Cómo ha podido tener una influencia tan colosal? 

La clave la vió Zweig. En Dickens, quizá como en ningún otro caso, convergen el poeta, el narrador popular y el rebelde. Sobre todo el rebelde. Un rebelde que se niega a aceptar el sufrimiento humano que le rodea y tomarlo como simple materia prima para su trabajo de orfebre de palabras, al estilo de un Borges o un Nabokov, pongamos por caso. Dickens va más allá, se compromete, representa una ruptura generacional decidida, un cambio copernicano de valores. Un grito genial de cólera frente a la barbarie de la injusticia social vigente en su tiempo.

Dickens era un indignado. Un indignado genial. 

Como los que nos hacen falta en estos tiempos.


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