Joludi Blog

Feb 4
Compromiso.
Los historiadores nos dicen que el amor, tal como lo conocemos nosotros, es una invención de los trovadores del siglo XIII. Hasta entonces existía el matrimonio, claro está, pero era una institución de tipo fiduciario, un compromiso esencialmente económico, y por lo tanto, en el polo opuesto del amor romántico. Para comprenderlo, basta fijarse por ejemplo en la palabra inglesa “wedding”, cuyo origen remoto es el indoeuropeo wadh, prenda, caución.
Este wadh indoeuropeo es la misma raíz del francés gage, que a su vez da en francés el vergo engager y que es término que lo mismo sirve para expresar un compromiso serio de pareja, un noviazgo, que el acto de hipotecar un bien para asegurar una deuda. 
Del wadh indoeuropeo también viene nuestro vocablo “gaje”, que equivalía en el siglo de oro a sueldo o complemento de sueldo. 
Si leemos, por ejemplo el testamento de Carlos V, vemos como reparte gajes, de cientos de florines anuales, a diestro y siniestro, entre su interminable nómina de servidores que le servían en Yuste. Luego, la palabra gaje ha adquirido un sentido opuesto, por mor de una inicial ironía o sarcasmo: hablamos de gajes del oficio como molestias asociadas a él.  

Compromiso.

Los historiadores nos dicen que el amor, tal como lo conocemos nosotros, es una invención de los trovadores del siglo XIII. Hasta entonces existía el matrimonio, claro está, pero era una institución de tipo fiduciario, un compromiso esencialmente económico, y por lo tanto, en el polo opuesto del amor romántico. Para comprenderlo, basta fijarse por ejemplo en la palabra inglesa “wedding”, cuyo origen remoto es el indoeuropeo wadh, prenda, caución.

Este wadh indoeuropeo es la misma raíz del francés gage, que a su vez da en francés el vergo engager y que es término que lo mismo sirve para expresar un compromiso serio de pareja, un noviazgo, que el acto de hipotecar un bien para asegurar una deuda. 

Del wadh indoeuropeo también viene nuestro vocablo “gaje”, que equivalía en el siglo de oro a sueldo o complemento de sueldo. 

Si leemos, por ejemplo el testamento de Carlos V, vemos como reparte gajes, de cientos de florines anuales, a diestro y siniestro, entre su interminable nómina de servidores que le servían en Yuste. Luego, la palabra gaje ha adquirido un sentido opuesto, por mor de una inicial ironía o sarcasmo: hablamos de gajes del oficio como molestias asociadas a él.