Se pringa conmigo.
Se diría que me leen. Pero mal. Han transcurrido escasos días después de que yo escribiese una bobadita sobre la palabra “pringado” y su ajustada relación con el espectáculo que nos ofrecen nuestros políticos profesionales. Y resulta que ayer mismo, Rubalcaba declara que “Felipe González se pringa conmigo”. Podía haber usado cualquier otro verbo, pero no: ha usado el verbo pringar. Es fascinante. No se le ocurrió que la riqueza del castellano le ofrecía toda clase de alternativas. Prefirió dar un fácil titular a los medios enemigos y utilizó el aceitoso verbo “pringar” en lo que quizá constituye uno de los mayores lapsus de los últimos tiempos. Lo malo es que le pasó algo parecido hace unos meses, cuando desencadenó la carcajada general al usar la palabra “mimitos”, para expresar la solicitud de apoyo político de su rival femenino en el partido. A este hombre le hace falta urgentemente una terapia. Y quizá no sólo a él.