Joludi Blog

Jan 26
Toma, come, triunfa…
Marta me preguntó el otro día en qué consistía el asunto del 0,7% . Yo me limité a leerle un fragmento delicioso del Lazarillo de Tormes. Es aquel en el que Lázaro nos explica lo sumamente miserable que era su segundo amo, el cura, que era aún mucho peor y más ruin si cabe (que siempre cabe, como muestra la obra) que el ciego, y que se limitaba a darle una cebolla cada cuatro días como único sustento. Eso sí, mientras él comía y cenaba de ordinario sus pertinentes cinco blancas de carne. Eso los días de diario, porque los sábados el clérigo tenía por costumbre comerse una cabeza de carnero. Y, a su modo, esa cabeza la compartía con Lázaro, que nos da cuenta de manera genial de la forma en que el preste aplicaba su peculiar 0,7%:
“Los sábados cómense en esas tierras cabezas de carnero y enviábame por una que costaba tres maravedís. Aquélla la cocía, y comía los ojos y el cogote y sesos y la carne que en las quijadas tenía, y dábame todos los huesos roídos, y dábamelos en el plato diciendo: “Toma, come, triunfa, que para tí es el mundo. Mejor vida tienes que el Papa.”

Toma, come, triunfa…

Marta me preguntó el otro día en qué consistía el asunto del 0,7% . Yo me limité a leerle un fragmento delicioso del Lazarillo de Tormes. Es aquel en el que Lázaro nos explica lo sumamente miserable que era su segundo amo, el cura, que era aún mucho peor y más ruin si cabe (que siempre cabe, como muestra la obra) que el ciego, y que se limitaba a darle una cebolla cada cuatro días como único sustento. Eso sí, mientras él comía y cenaba de ordinario sus pertinentes cinco blancas de carne. Eso los días de diario, porque los sábados el clérigo tenía por costumbre comerse una cabeza de carnero. Y, a su modo, esa cabeza la compartía con Lázaro, que nos da cuenta de manera genial de la forma en que el preste aplicaba su peculiar 0,7%:

“Los sábados cómense en esas tierras cabezas de carnero y enviábame por una que costaba tres maravedís. Aquélla la cocía, y comía los ojos y el cogote y sesos y la carne que en las quijadas tenía, y dábame todos los huesos roídos, y dábamelos en el plato diciendo: “Toma, come, triunfa, que para tí es el mundo. Mejor vida tienes que el Papa.”


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