Armenia
Armenia tiene menos habitantes que la ciudad de Madrid pero es una potencia mundial en ajedrez, no superada por más de cuatro o cinco países del planeta. Desde su independencia, en 1991, han surgido en Armenia nada menos que 26 grandes maestros, casi todos con nombres terminados en “an” (Vaganian, Aronian, Akopian…) que han seguido la estela de su compatriota, el legendario campeón mundial Petrosian (georgiano de nacimiento, sin embargo). Incluso Kasparov era armenio por parte de su madre, que se llamaba Kasparian.
¿Cómo es posible? La clave es la educación, no los genes. En las escuelas armenias, el ajedrez es una asignatura importante. Se dedican importantes recursos públicos para financiar la Academia Nacional de Ajedrez, publicar libros, promover campeonatos, formar instructores…Todo ello está movido no solo por la convicción de que aprender ajedrez puede ser beneficioso para el desarrollo del escolar, sino por una especie de desafío colectivo por darle la réplica al vecino ruso, superándole en su más genuina especialidad.
Lo de menos es saber si realmente es útil la formación ajedrecística de los armenios. Lo esencial es comprender que los únicos milagros que conocemos son los que se derivan de la educación.