Plutocracia global.
¿Cuál es el secreto de que un tipo como Gingrich, que parece sacado de entre los personajes siniestros de Dickens (propone la pena de cárcel por deudas y el trabajo forzado de los pobres, entre otras lindezas), pueda ganar las elecciones norteamericanas? La respuesta es dinero. La campaña de Gingrich cuenta incluso con más dinero que la del millonario Romney, que ya es decir. Porque Gingrich cuenta con todo el apoyo de la Corporate America, es decir, de las grandes multinacionales que, de una manera descarada, vierten inmensos flujos de dólares sobre las arcas del equipo electoral del promotor de la revolución conservadora.
Hasta hace dos años, la financiación electoral por parte de las grandes empresas estaba limitada en Estados Unidos. Cosa completamente lógica, pues de otro modo, el poder político y el poder empresarial acabarían convergiendo. Pero hace dos años, una sentencia del Tribunal Constitucional (Citizen United) otorgó barra libre a las multinacionales para financiar a sus políticos predilectos. Sin límites y sin tapujos.Y el resultado, obviamente, es que las elecciones USA se han convertido en un juego financiero, más financiero que nunca.
Pues sí. Vamos camino de un renacer del totalitarismo en el mundo. Un neototalitarismo económico, basado en el poder omnímodo de los fondos de inversión, las agencias de notación y las grandes corporaciones. Pero, por convenio, seguiremos hablando de democracias occidentales.