Terremotos, supersticiones, tiranías.
Teófilo Braga fue el primer Presidente de la República Portuguesa, allá por tiempos de la primera Guerra Mundial. Pero fue también un erudito colosal. Una especie de Caro Baroja lusitano. Más quisiéramos los españoles haber tenido figuras políticas en nuestra historia con esta envergadura intelectual (sin desmerecer a Pi i Margall o a Azaña, claro está). Teófilo Braga sostenía una tesis muy interesante, según la cual los desastres naturales (sequías, terremotos, inundaciones, tragedias varias…) que sufren los pueblos, contribuyen a reforzar sus supersticiones colectivas. Y esas supersticiones, a su vez son la clave para entender el fanatismo, la tiranía, el atraso cultural, el subdesarrollo y el sometimiento a los que manipulan y aprovechan la ignorancia. Nos dice Braga que, por ejemplo, en 1512, uno de los muchos terremotos que asolaron Lisboa, fue aprovechado por el rey Don Manuel para recrudecer las persecuciones a los judíos, a los que se culpaba del desastre. Otro terremoto, en 1531, fue la excusa para la creación del terrible Santo Oficio portugués, bajo Juan III. La extraña lluvia de “sangre” de 1551 y el subsiguiente terremoto de 1551 fue aprovechada por los tiranos para establecer la censura previa de todos los libros. La peste de 1569 convierte a Don Sebastián en una marioneta en manos de los jesuitas. Y así todo.
Habría por tanto una cierta geografía de los desastres naturales, que coincidiría con la geografía de la peor tiranía y el fanatismo. Es un tema fascinante. Y creo que lleno de claves. Qué ironía que el destino castigue a unos pueblos con terremotos y pestes, y adicionalmente los someta seguidamente a la superstición y a la tiranía…