Low Hopes.
Obama se inquieta ya con la Eurozona. Y exige crédito ilimitado del BCE. Esto no ha hecho más que empezar. A Obama le interesa culpabilizar a Europa de su drama interno. Necesita una justificación para su impotencia. Del mismo modo que a J.F Kennedy le vino bien en su día Vietnam o Cuba para hacer olvidar su incapacidad para hacer las reformas sociales prometidas.
El mandato de Obama tiene muchos puntos en común con el de John F Kennedy, esto es bien sabido. La llegada a la presidencia de ambos representó una alta esperanza para todo el mundo. Alta esperanza que no tardó en frustrarse también en ambos casos. La frustración respecto a Kennedy llegó cuando se constató que nunca llegaría a materializar los cambios sociales prometidos en campaña (como la reforma del sistema sanitario, por ejemplo). En el caso de Obama (que tampoco ha sido capaz de resolver definitivamente el problema del sistema de salud pública, por cierto), la clave de su caída en desgracia con el electorado hay que buscarla más bien el escenario de recesión y crisis económica doméstica y mundial en el que se están desarrollando sus años de gobierno.
Pero en los dos casos estamos ante la tragedia del no poder. Y en los dos casos, paradójicamente, el verbo poder ocupó un lugar prominente en sus campañas electorales. Obama ya sabemos que llegó a la Casa Blanca con el “Yes We Can” en la boca. Y Kennedy consiguió su primer triunfo electoral con el estupendo slogan político “Kennedy Can”. Esta frasecita genial sirvió incluso para componer una pegadiza canción que a los oídos actuales suena divertidísima, yankee hasta los tuétanos, como cantada por una compañía de marines (en la campaña de la presidencia, sus asesores sustituyeron esta tonadilla militar por el temazo High Hopes interpretado y adaptado ad hoc nada menos que por su entrañable y mafioso amigo Sinatra). También hay que recordar que en el famoso discurso inaugural de Kennedy el verbo “poder” siguió siendo el protagonista; ya se sabe: “dont ask what your country can do for you, but what you can do for your country”.
Hay que ver que obsesión la de tantos políticos por el verbo poder. Pero es que esta obsesión quizá revele justamente que en el subconsciente de esos políticos, está bien claro, desde el principio, que no se podrá, después de todo.