El Problema de Sebeok.
Los residuos radiactivos pueden durar miles de años. Es obvio que cuando se entierran, sería muy importante etiquetarlos bien para evitar que las generaciones futuras tuviesen algún percance cuando se encontrasen con ellos.
Hace unas dos décadas la Nasa se preocupó por este problema. Y pidió una respuesta a un lingüista y semiólogo llamado Thomas Sebeok.
Tras años de estudio, Sebeok llegó a la conclusión de que el problema era totalmente insoluble. No existe ninguna forma de comunicarnos con futuros seres inteligentes si no es asumiendo que tengan algo en común con nosotros. Y eso, simplemente, no puede asumirse. A ésto yo lo llamo el Primer Problema de Sebeok.
Si usamos como signo una calavera, por ejemplo, no tenemos ninguna garantía plena de que los seres inteligentes de dentro de diez milenios tengan la menor noción de lo que es el esqueleto de los homínidos del siglo XX. Consiguientemente, es difícil que entiendan que este símbolo transmite una idea de peligro. Cabe ciertamente la posibilidad de que sí conozcan cómo es nuestra estructura ósea, pero sin un cierto soporte cultural común a nosotros no tendrán por qué entender que la calavera es sinónimo de riesgo mortal.
Sebeok probó que toda comunicación exige un cierto grado de participación cultural como condición previa.
Pero entonces, el problema es, ¿qué nos hace pensar que nosotros somos capaces de entender los mensajes que nos hayan podido dejar los seres inteligentes de otros tiempos o/y de otros mundos?
Tal vez seamos tan impotentes para entender sus mensajes como lo serán los seres de otros mundos con respecto a los nuestros.
Tal vez lo que creemos que son meros signos religiosos o mágicos de nuestros antecesores tengan algún significado más crítico que no somos capaces de atisbar.
A ésto yo lo llamo el Segundo Problema de Sebeok.