Sobre la inutilidad de los libros.Es bien sabido que Umberto Eco, gran bibliófilo, colecciona libros antiguos, ya sean manuscritos, incunables, postincunables, ediciones príncipe o simplemente libros bellamente editados. El único requisito que exige es que esos libros contengan algún error de algún tipo, alguna falsedad, alguna impostura. Por ejemplo, su libro más deseado es la Crónica de Nuremberg, un incunable de 1490 cuyas ilustraciones de ciudades son totalmente arbitrarias (incluso se repiten, refiriéndose a diferentes ciudades).
Algún día, supongo, con los resultados de su esfuerzo bibliófilo el gran Eco escribirá un libro para demostrar que no debemos fiarnos mucho de los libros…
Lo cual será una deliciosa paradoja.