Joludi Blog

Nov 22
De la misma naturaleza que las estrellas.
Fascinante el descubrimiento de agua en la Luna. Parece ser que proviene de un cometa. Lo mismo que el agua de nuestros océanos, donde nacimos. El descubrimiento lunar nos recuerda, pues, que todos venimos, en cierto modo, del espacio remoto. Estamos hechos de la misma materia que las estrellas. Tal vez por ello nos quedamos fascinados cuando las miramos.

De la misma naturaleza que las estrellas.

Fascinante el descubrimiento de agua en la Luna. Parece ser que proviene de un cometa. Lo mismo que el agua de nuestros océanos, donde nacimos. El descubrimiento lunar nos recuerda, pues, que todos venimos, en cierto modo, del espacio remoto. Estamos hechos de la misma materia que las estrellas. Tal vez por ello nos quedamos fascinados cuando las miramos.


Hemisferios cerebrales.
He comprado un segundo disco duro externo. Ahora son muy baratos. Apenas 69 euros por 500 gigas. Ya tengo la mitad de mis archivos en un disco externo y la mitad en otro. Ayer noche, mientras organizaba mis caóticos ficheros me quedé pensando en esto. Antes tenía todo en el disco duro del equipo. Ahora está separado. Y esto ha ocurrido por un problema de capacidad. ¿Podría ser que la diferenciación de funciones en nuestros hemisferios cerebrales tuviese también relación con un problema de capacidad? ¿Y si esa diferenciación estuviese entonces en relación con lo que hemos perdido, no con lo que hemos ganado? A lo mejor, al aprender el habla, nos hemos visto obligados a reorganizar nuestro cerebro, perdiendo en la reorganización funciones básicas que solo los genios, o los especialmente dotados han podido retener. Tal vez el lenguaje, que ocupa una parte enorme de nuestro neocortex, ha desplazado capacidades maravillosas que quizá tuvimos en el pasado de nuestra especie. Si eso es así, hemos pagado un precio enorme por el privilegio de hablar. Lástima que no nos haya sido posible comprar discos externos cerebrales para asentar en ellos el universo neuronal del lenguaje.

Hemisferios cerebrales.

He comprado un segundo disco duro externo. Ahora son muy baratos. Apenas 69 euros por 500 gigas. Ya tengo la mitad de mis archivos en un disco externo y la mitad en otro. Ayer noche, mientras organizaba mis caóticos ficheros me quedé pensando en esto. Antes tenía todo en el disco duro del equipo. Ahora está separado. Y esto ha ocurrido por un problema de capacidad. ¿Podría ser que la diferenciación de funciones en nuestros hemisferios cerebrales tuviese también relación con un problema de capacidad? ¿Y si esa diferenciación estuviese entonces en relación con lo que hemos perdido, no con lo que hemos ganado? A lo mejor, al aprender el habla, nos hemos visto obligados a reorganizar nuestro cerebro, perdiendo en la reorganización funciones básicas que solo los genios, o los especialmente dotados han podido retener. Tal vez el lenguaje, que ocupa una parte enorme de nuestro neocortex, ha desplazado capacidades maravillosas que quizá tuvimos en el pasado de nuestra especie. Si eso es así, hemos pagado un precio enorme por el privilegio de hablar. Lástima que no nos haya sido posible comprar discos externos cerebrales para asentar en ellos el universo neuronal del lenguaje.


Pueblo de la Libertad.
En Milán, prosiguen las razzias municipales contra los gitanos y sus asentamientos. Las excavadoras y los carabineros desalojaron la semana pasada a algunos cientos de familias que vivían en el campamento de vía Rubattino. Las autoridades del pseudopartido mal llamado “Pueblo de la Libertad” (hay que desconfiar de los partidos que rehusan llamarse “partidos”) han establecido, así, porque sí, que en Milán solo puede haber sitio para 1.000 gitanos. Es un escándalo insufrible que no se merece ni Europa ni Italia.
Lo curioso es que el primer gran defensor de los gitanos y sus derechos fue alguien a quien en no pocos sentidos podríamos llamar italiano. Fue también el creador del concepto del lenguaje políticamente correcto, pues prohibió que se llamase a los gitanos con ese nombre, a fin de protegerlos frente a la discriminación.
Estoy hablando de Carlos III de España, que si bien nació en el viejo Alcazar de Madrid, de madre italiana y padre francés, lo cierto es que era italiano, italianísimo. Antes de ser rey de España fue rey de Napolés durante nada menos que 25 años, que se dice pronto.
Ya como monarca español, en 1783, Carlos III promulgó su famosa Pragmática que prohibía la utilización de la palabra “gitano” la cual debía sustituirse por “castellano nuevo“… puesto que “todos los ciudadanos son iguales...”
Esa misma Pragmática, innovadora aunque también con doble lectura, de Carlos III exigía la plena escolarización de los gitanos, como cualquier otro niño, a los 4 años y la libertad de residencia y trabajo para ellos.
También, nótese, en 1783, imponía por primera vez sanciones a quienes obstaculizasen la integración del único pueblo que no ha declarado jamás la guerra a otra nación. Del único grupo humano que con mejor razón que la alcaldesa Letizia Moratti podría autodenominarse Pueblo de la Libertad.

Pueblo de la Libertad.

En Milán, prosiguen las razzias municipales contra los gitanos y sus asentamientos. Las excavadoras y los carabineros desalojaron la semana pasada a algunos cientos de familias que vivían en el campamento de vía Rubattino. Las autoridades del pseudopartido mal llamado “Pueblo de la Libertad” (hay que desconfiar de los partidos que rehusan llamarse “partidos”) han establecido, así, porque sí, que en Milán solo puede haber sitio para 1.000 gitanos. Es un escándalo insufrible que no se merece ni Europa ni Italia.

Lo curioso es que el primer gran defensor de los gitanos y sus derechos fue alguien a quien en no pocos sentidos podríamos llamar italiano. Fue también el creador del concepto del lenguaje políticamente correcto, pues prohibió que se llamase a los gitanos con ese nombre, a fin de protegerlos frente a la discriminación.

Estoy hablando de Carlos III de España, que si bien nació en el viejo Alcazar de Madrid, de madre italiana y padre francés, lo cierto es que era italiano, italianísimo. Antes de ser rey de España fue rey de Napolés durante nada menos que 25 años, que se dice pronto.

Ya como monarca español, en 1783, Carlos III promulgó su famosa Pragmática que prohibía la utilización de la palabra “gitano” la cual debía sustituirse por “castellano nuevo“… puesto que “todos los ciudadanos son iguales...”

Esa misma Pragmática, innovadora aunque también con doble lectura, de Carlos III exigía la plena escolarización de los gitanos, como cualquier otro niño, a los 4 años y la libertad de residencia y trabajo para ellos.

También, nótese, en 1783, imponía por primera vez sanciones a quienes obstaculizasen la integración del único pueblo que no ha declarado jamás la guerra a otra nación. Del único grupo humano que con mejor razón que la alcaldesa Letizia Moratti podría autodenominarse Pueblo de la Libertad.


Honorarios.
La mejor escuela imaginable es la Vida. Es una escuela en la que la matrícula nos sale completamente gratis. Lo malo es que los honorarios mensuales son muy, muy costosos…

Honorarios.

La mejor escuela imaginable es la Vida. Es una escuela en la que la matrícula nos sale completamente gratis. Lo malo es que los honorarios mensuales son muy, muy costosos…


Braquistócrona.
Imaginemos un experimento. Supongamos que estamos en un balcón de un tercer piso con un balón de baloncesto en la mano. Abajo, en la otra acera de la calle, tenemos a nuestro colaborador. Nuestro problema es imaginar el diseño de un tubo o conducto que nos una con esa persona de la otra acera; un conducto a través del cual podamos enviar la pelota a nuestro colaborador. Pero el diseño del tubo tiene que ser de tal modo que la pelota llegue lo más rápido posible a la persona de la calle.¿Cómo debemos diseñar el conducto? ¿Recto tal vez? ¿O quizá sería mejor en forma de gancho, de tal forma que bajase en picado durante un tramo y luego llegase gracias a la inercia hasta las manos de nuestro colaborador?Galileo pensó mucho en este problema que, en términos matemáticos se conoce como la búsqueda de la curva braquistócrona (curva de tiempo mínimo, “braquistos”, el más corto, “cronos”, tiempo). Llegó a la conclusión de la curva braquistócrona era simplemente un fragmento del arco de un círculo imaginario que, siguiendo nuestro ejemplo, nos uniese a nosotros con nuestro colaborador de la calle.Sin embargo, Galileo se equivocaba dramáticamente como demostraron más tarde Newton y Leibniz. El diseño del conducto para la pelota debe ser curvo, ciertamente. Pero la curvatura no debe ser exactamente la de un círculo. La curvatura “braquistócrona” es como el arco de un círculo pero más “estirada”; algo más parecida a la mitad de un velódromo, por ejemplo. En realidad, hablando de velódromos, la curva braquistócrona resulta ser exactamente la que va trazando imaginariamente sobre el espacio un puntito que hayamos dibujado en la rueda de una bicicleta en marcha. Por esta razón, a esta curva que produce la máxima velocidad de caída se le llama “cicloide”, del griego “ciclos”, rueda.Galileo estuvo cerca de la solución del problema, pero erró. Y este curioso asunto de la curva braquistocrona conviene tenerlo siempre en la memoria, para no olvidar que incluso las mentes de los grandes genios se equivocan. Y no solo en temas menores.

Braquistócrona.

Imaginemos un experimento. Supongamos que estamos en un balcón de un tercer piso con un balón de baloncesto en la mano. Abajo, en la otra acera de la calle, tenemos a nuestro colaborador. Nuestro problema es imaginar el diseño de un tubo o conducto que nos una con esa persona de la otra acera; un conducto a través del cual podamos enviar la pelota a nuestro colaborador. Pero el diseño del tubo tiene que ser de tal modo que la pelota llegue lo más rápido posible a la persona de la calle.
¿Cómo debemos diseñar el conducto? ¿Recto tal vez? ¿O quizá sería mejor en forma de gancho, de tal forma que bajase en picado durante un tramo y luego llegase gracias a la inercia hasta las manos de nuestro colaborador?
Galileo pensó mucho en este problema que, en términos matemáticos se conoce como la búsqueda de la curva braquistócrona (curva de tiempo mínimo, “braquistos”, el más corto, “cronos”, tiempo). Llegó a la conclusión de la curva braquistócrona era simplemente un fragmento del arco de un círculo imaginario que, siguiendo nuestro ejemplo, nos uniese a nosotros con nuestro colaborador de la calle.
Sin embargo, Galileo se equivocaba dramáticamente como demostraron más tarde Newton y Leibniz. El diseño del conducto para la pelota debe ser curvo, ciertamente. Pero la curvatura no debe ser exactamente la de un círculo. La curvatura “braquistócrona” es como el arco de un círculo pero más “estirada”; algo más parecida a la mitad de un velódromo, por ejemplo. En realidad, hablando de velódromos, la curva braquistócrona resulta ser exactamente la que va trazando imaginariamente sobre el espacio un puntito que hayamos dibujado en la rueda de una bicicleta en marcha. Por esta razón, a esta curva que produce la máxima velocidad de caída se le llama “cicloide”, del griego “ciclos”, rueda.
Galileo estuvo cerca de la solución del problema, pero erró. Y este curioso asunto de la curva braquistocrona conviene tenerlo siempre en la memoria, para no olvidar que incluso las mentes de los grandes genios se equivocan. Y no solo en temas menores.


Saccus stercoris.
El cristianismo se expandió gracias a la labor propagandística (interesada) de las mujeres. Pero éstas pronto perdieron el liderazgo. Se produjo en este sentido un cambio copernicano en los primeros siglos de nuestra era. Los teóricos del cristianismo, tratando de neutralizar a cualquier precio el “peligro de la carne” relegaron brutalmente a la mujer, adoptando actitudes casi propias de la religión mitraísta, tan popular entre los soldados de Roma, que excluía totalmente del culto a las mujeres. Una muestra curiosa de esta nueva doctrina antifemenina es un famoso texto del Padre Odón (San Odón), abad de Cluny en el siglo X (tengamos en cuenta que un abad de Cluny, en aquella época, era una especie de segundo Papa) en el que acaba calificando a la mujer de mero saco de excrementos, “saccus estercoris”.
“Ciertamente, si los hombres estuviesen dotados, como los linces de Beocia, con el poder de la penetración visual y pudiesen ver lo que hay tras la piel, la mera visión de una mujer les produciría náuseas: esa gracia femenina es solo mucosidad, sangre, fluidos, bilis. Considera lo que está escondido en los orificios nasales, en la garganta, en el vientre: desperdicios por todas partes…Y nosotros, que no querríamos tocar ni con un dedo los vomitos o las heces…¿Cómo podemos desear abrazar con nuestros brazos el mismísimo saco de excrementos?”

Saccus stercoris.

El cristianismo se expandió gracias a la labor propagandística (interesada) de las mujeres. Pero éstas pronto perdieron el liderazgo. Se produjo en este sentido un cambio copernicano en los primeros siglos de nuestra era. Los teóricos del cristianismo, tratando de neutralizar a cualquier precio el “peligro de la carne” relegaron brutalmente a la mujer, adoptando actitudes casi propias de la religión mitraísta, tan popular entre los soldados de Roma, que excluía totalmente del culto a las mujeres. Una muestra curiosa de esta nueva doctrina antifemenina es un famoso texto del Padre Odón (San Odón), abad de Cluny en el siglo X (tengamos en cuenta que un abad de Cluny, en aquella época, era una especie de segundo Papa) en el que acaba calificando a la mujer de mero saco de excrementos, “saccus estercoris”.

“Ciertamente, si los hombres estuviesen dotados, como los linces de Beocia, con el poder de la penetración visual y pudiesen ver lo que hay tras la piel, la mera visión de una mujer les produciría náuseas: esa gracia femenina es solo mucosidad, sangre, fluidos, bilis. Considera lo que está escondido en los orificios nasales, en la garganta, en el vientre: desperdicios por todas partes…Y nosotros, que no querríamos tocar ni con un dedo los vomitos o las heces…¿Cómo podemos desear abrazar con nuestros brazos el mismísimo saco de excrementos?”


Freud und Freude. La felicidad y otras cosas inapropiadas.
El nombre de Freud viene a significar en alemán “felicidad”, Freude. Nomen Omen, pues, si tenemos en cuenta que el psicoanálisis aspira a librar al hombre de sus angustias. Pero lo curioso es que realmente Freud no parecía estar muy interesado en la felicidad, propiamente dicha. En una carta a una de sus pacientes, Hilda Doolittle, de 5 de Octubre de 1953, esto es lo que dice el maestro respecto a la felicidad:
“No hay duda de que la felicidad hace al hombre inactivo y estéril, y que la perfección puede ser sumamente aburrida, y que la existencia en el paraíso de Dante sería intolerable para nosotros…sin embargo, nos deseamos unos a otros felicidad, contentamiento y otras cosas inapropiadas”.

Freud und Freude. La felicidad y otras cosas inapropiadas.

El nombre de Freud viene a significar en alemán “felicidad”, Freude. Nomen Omen, pues, si tenemos en cuenta que el psicoanálisis aspira a librar al hombre de sus angustias. Pero lo curioso es que realmente Freud no parecía estar muy interesado en la felicidad, propiamente dicha. En una carta a una de sus pacientes, Hilda Doolittle, de 5 de Octubre de 1953, esto es lo que dice el maestro respecto a la felicidad:

No hay duda de que la felicidad hace al hombre inactivo y estéril, y que la perfección puede ser sumamente aburrida, y que la existencia en el paraíso de Dante sería intolerable para nosotros…sin embargo, nos deseamos unos a otros felicidad, contentamiento y otras cosas inapropiadas”.


La verdad es monócroma, apocalíptica.
He visto algunas fotos, interesantísimas, de la Primera Guerra Mundial, en color. Son imagenes inquietantes, muy notables desde el punto de vista técnico, que llegan a nosotros desde los remotos orígenes del arte fotográfico. Lo que me llama mucho la atención es comprobar cómo el color quita muchísimo dramatismo a unas imágenes que estábamos acostumbrados a ver en blanco y negro. Quizá por esto, Spìelberg decidió que La Lista de Schindler fuese en blanco y negro, no en color. Es lo mismo que ocurre con las fotografías. Una foto en blanco y negro parece mucho más dramática, más cargada de significado real que su equivalente en color. No se cuál puede ser la razón, pero la verdad es que la palabra color está relacionada con la idea de ocultar, de camuflar la realidad. Color, viene de una raíz indoeuropea -kel- que indica precisamente “ocultación”. El color es lo que se usa para decorar, para camuflar, para maquillar, para seducir, para persuadir, para atraer… Apocalipsis viene de esta raíz, justamente. Apocalipsis…apo kalyptein, quitar el velo…retirar el color… En este sentido etimológico, toda buena foto o escena en blanco y negro es, hasta cierto punto, como toda verdad: “apocalíptica”.

La verdad es monócroma, apocalíptica.

He visto algunas fotos, interesantísimas, de la Primera Guerra Mundial, en color. Son imagenes inquietantes, muy notables desde el punto de vista técnico, que llegan a nosotros desde los remotos orígenes del arte fotográfico. Lo que me llama mucho la atención es comprobar cómo el color quita muchísimo dramatismo a unas imágenes que estábamos acostumbrados a ver en blanco y negro. Quizá por esto, Spìelberg decidió que La Lista de Schindler fuese en blanco y negro, no en color. Es lo mismo que ocurre con las fotografías. Una foto en blanco y negro parece mucho más dramática, más cargada de significado real que su equivalente en color. No se cuál puede ser la razón, pero la verdad es que la palabra color está relacionada con la idea de ocultar, de camuflar la realidad. Color, viene de una raíz indoeuropea -kel- que indica precisamente “ocultación”. El color es lo que se usa para decorar, para camuflar, para maquillar, para seducir, para persuadir, para atraer… Apocalipsis viene de esta raíz, justamente. Apocalipsis…apo kalyptein, quitar el velo…retirar el color… En este sentido etimológico, toda buena foto o escena en blanco y negro es, hasta cierto punto, como toda verdad: “apocalíptica”.


Nov 21
Saludos.
Tengo una amiga que, cuando le preguntan “¿cómo estás?” suele responder:
-¿Bien o te cuento?
Esta ingeniosa respuesta, refleja maravillosamente una idea que está presente en Cioran y que en realidad proviene del padre de todos los melancólicos, Kafka.
Cioran escribe que cuando alguien responde a un cortés “¿qué tal todo?” con un rutinario “todo sigue su curso”, en realidad está diciendo algo que debería helarnos la sangre. ¡Todo sigue su curso! ¡Qué horror infinito!
Y Kafka, en El Proceso, nos dice que ante la pregunta rutinaria de “¿cómo lo llevas?”, no hay razón para, en lugar de la respuesta automática, no decir de un tirón: “bueno, esta mañana me he levantado con un dolor en el hombro, nada especial, ya sabes, ocurre a menudo, artritis; he ido al médico hace un par  de meses y me ha prescrito unas pastillas que no me han hecho nada y estoy pensando en divorciarme de mi marido, si una vez más, no me ofrece nada, me siento tan atrapada, me despierto con sudores fríos casi cada noche…”
Lo ultrabanal puede ser ultraterrorífico.

Saludos.

Tengo una amiga que, cuando le preguntan “¿cómo estás?” suele responder:

-¿Bien o te cuento?

Esta ingeniosa respuesta, refleja maravillosamente una idea que está presente en Cioran y que en realidad proviene del padre de todos los melancólicos, Kafka.

Cioran escribe que cuando alguien responde a un cortés “¿qué tal todo?” con un rutinario “todo sigue su curso”, en realidad está diciendo algo que debería helarnos la sangre. ¡Todo sigue su curso! ¡Qué horror infinito!

Y Kafka, en El Proceso, nos dice que ante la pregunta rutinaria de “¿cómo lo llevas?”, no hay razón para, en lugar de la respuesta automática, no decir de un tirón: “bueno, esta mañana me he levantado con un dolor en el hombro, nada especial, ya sabes, ocurre a menudo, artritis; he ido al médico hace un par  de meses y me ha prescrito unas pastillas que no me han hecho nada y estoy pensando en divorciarme de mi marido, si una vez más, no me ofrece nada, me siento tan atrapada, me despierto con sudores fríos casi cada noche…

Lo ultrabanal puede ser ultraterrorífico.


Carl Jung en el Kilimanjaro.
Carl Jung fue un explorador incansable de los vastos territorios de la mente humana. Durante décadas, viajó hasta los últimos confines de alma, eso sí, sentado cómodamente en el sillón de su despacho. La cuestión es ¿le satisfizo a Jung ese mundo interior que él recorrió como nadie? ¿O tal vez echó de menos el mundo externo? El propio Jung nos contesta a esta pregunta cuando nos dice que él no cobra conciencia de la verdadera existencia del mundo hasta que no lo ve, fascinado, desde las laderas del Kilimanjaro, con ocasión de un viaje a Africa. Es chocante que incluso el hombre que convirtió en una aventura sublime el viaje al interior de la mente, nos diga que el mundo no existía como realidad para él hasta que no pudo ver aquellas “criaturas salvajes, pastando en silenciosa paz, en un mundo primigenio, tal como lo habían hecho durante inimaginables eras…en este preciso momento el mundo se convirtió en real para mí, y sin ese momento nunca lo hubiera sido”. La mente tiene, ciertamente, sus Everests, sus Amazonas, sus Kilimanjaros. Pero no son, después de todo, como el Everest, como el Amazonas, como el Kilimanjaro…

Carl Jung en el Kilimanjaro.

Carl Jung fue un explorador incansable de los vastos territorios de la mente humana. Durante décadas, viajó hasta los últimos confines de alma, eso sí, sentado cómodamente en el sillón de su despacho. La cuestión es ¿le satisfizo a Jung ese mundo interior que él recorrió como nadie? ¿O tal vez echó de menos el mundo externo? El propio Jung nos contesta a esta pregunta cuando nos dice que él no cobra conciencia de la verdadera existencia del mundo hasta que no lo ve, fascinado, desde las laderas del Kilimanjaro, con ocasión de un viaje a Africa. Es chocante que incluso el hombre que convirtió en una aventura sublime el viaje al interior de la mente, nos diga que el mundo no existía como realidad para él hasta que no pudo ver aquellas “criaturas salvajes, pastando en silenciosa paz, en un mundo primigenio, tal como lo habían hecho durante inimaginables eras…en este preciso momento el mundo se convirtió en real para mí, y sin ese momento nunca lo hubiera sido”. La mente tiene, ciertamente, sus Everests, sus Amazonas, sus Kilimanjaros. Pero no son, después de todo, como el Everest, como el Amazonas, como el Kilimanjaro…


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